¡Nos llegó el virus!

 ¡Nos llegó el virus!
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Mauricio Gándara Gallegos (columnista)

Tal vez nos sentíamos un poco tranquilos por encontrarnos lejos de los países donde se había desatado originalmente el coronavirus, donde había cobrado muchas vidas, cuando, súbitamente, vemos, oímos, leemos, en los noticiarios internacionales y nacionales –¡Aterradora sorpresa!–, que el Ecuador encabeza la lista de los países latinoamericanos con mayor número de infectados con esta maldición; en número, más que países mucho más grandes, y, por tanto, proporcionalmente, inmensamente más afectados. ¿Qué pasó? ¿Nuestros controles en los sitios de entrada de viajeros a nuestro territorio fueron nulos, débiles, irresponsablemente manejados? El Gobierno debe a todos una explicación formal de lo ocurrido, y de lo que está haciendo al momento para controlar la expansión de la enfermedad; debe explicar si cuenta con los medios requeridos por la ciencia médica para evaluar los síntomas, colocar en cuarentena a los afectados, curar a quienes se encuentren contagiados, etcétera. El Gobierno debe establecer políticas rígidas, controles draconianos, para impedir que ingresen a nuestro territorio personas que hayan estado en el pasado reciente en el territorio de los países cuya población se encuentra ya afectada notoriamente, como China, Corea del Sur, Italia. Y, ciertamente, prohibir a todo funcionario público visitar esos países, mientras dure la epidemia; severos controles a los particulares. Esto no solamente afecta a la salud, sino que puede hacerlo a nuestras exportaciones agrícolas, principalmente; al petróleo ya lo ha hecho, por la sustancial baja de su precio debida a la contracción de la economía mundial. Medidas de prevención sanitaria, de control, es lo que nos queda, porque la creación de una vacuna tomará tiempo y, según los especialistas de los organismos internacionales, no estará disponible en el presente año; el presidente de los Estados Unidos ha reunido a los representantes de las principales firmas farmacéuticas para que procuren acortar los tiempos, pero los propios científicos que lo rodean se muestran escépticos de poder hacerlo.

El desplome de los valores bursátiles nos anuncia una depresión mundial, y al Ecuador le sorprende con una economía calamitosa, sin reservas, inmensa deuda pública, altos índices de riesgo país; se diría que el coronavirus se suma al correavirus, que destrozó la economía nacional, y hoy aspira a regresar, con lo que la desgracia sería completa e irremediable. Un necesario recurso es el endeudamiento público, pero nuestros papeles, los bonos, se encuentran depreciados. Un acuerdo comercial con los Estados Unidos hay que alcanzarlo con prontitud, como política de Estado, sin distingos de ideología, al margen de cálculos electorales. Un Gobierno débil, anémico, como el que tenemos, debe cobrar fuerza y darle rumbo al país, que yace a merced de las olas. En el mundo entero, por esta crisis generalizada, se fortalecerán los gobiernos que sepan salir airosos de ella, y sucumbirán los débiles, los ineptos. Las pruebas que se encontrarán en el camino son muy grandes; habrá que reestudiar la Gran Depresión de los años treinta, y la reciente del 2008; factores económicos similares, pero a los que hay que añadir el pánico por la afectación a la salud. Hace falta unidad, sacrificio, fortaleza. No doblegarnos jamás. (O)

Tomado de diario El Universo

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