De reinas y reinados

 De reinas y reinados
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Ricardo Tello Carrión (columnista)

Cuenca, como toda urbe –creo yo–, es una ciudad de enormes contrastes en la definición de políticas públicas. Hemos ido desde oponernos a los procesos independentistas hasta celebrar rabiosamente la independencia española; antes de que la actual Constitución entre en vigencia ya contábamos con una ordenanza que prohibía corridas de toros, peleas de gallos y el maltrato animal, pero hasta hoy no hay un albergue para animales abandonados; iniciamos la lucha contra la despenalización de la homosexualidad en la década de los noventa, tenemos una ordenanza contra la discriminación en espacios públicos y otra de erradicación de la violencia contra la mujer, y recién elegimos un alcalde que antes de las votaciones firmó públicamente un compromiso con “los provida”, y cuya administración convoca a la elección de reina de Cuenca con la condición de que la postulante “haya nacido mujer”.

Cosas de reinas y reinados que en esta semana se han puesto al debate público (excepto el de las redes sociales, que poco aporta) con muestras claras de cuánto hemos avanzado en tema de derechos, de estereotipos, de reconfirmación de prejuicios: Quito suspendió el certamen, Latacunga “lo sustituye por acciones en contra de la violencia contra la mujeres” y Cuenca le da un toque de transfobia.

En política pública, las decisiones deben ser sutilmente cuidadosas en función de que el ámbito de lo público nos involucra a todos con exactamente los mismos derechos, las mismas obligaciones, similares beneficios. Y el sesgo enfrenta y condena al discrimen. El incluir esa condición, la de “haber nacido mujer”, confronta innecesariamente. Una Ordenanza para Prevención, Atención Integral y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, en su artículo 30, prohíbe “…eventos públicos que promuevan estereotipos de género, sexismo o cualquier tipo de discriminación o violencias contra las mujeres”.

El tema no es nuevo, pues años atrás ya fue debatido ampliamente en establecimientos educativos públicos primarios, en cuya agenda del periodo lectivo incluían elecciones de Niñas reinas, Princesas de Navidad o Madrinas de deportes, actividades discriminatorias por donde se lo mire y que posicionan un discurso excluyente y un concepto estereotipado de belleza, además de ser el caldo de cultivo que acondiciona a las “futuras mises”.

Las elecciones tempranas de “representantes de la belleza femenina” no terminan de ser más que la exposición de niñas “vulnerando sus derechos a desarrollo integral, cuidado, protección, a vivir una vida libre de violencia, a la integridad, la dignidad, la reputación, el honor e imagen y el derecho a la igualdad y no discriminación establecidos en la Constitución e instrumentos internacionales, entre otros elementos que potencialmente podrían afectarles”. La cita corresponde a una resolución de la Defensoría del Pueblo que en el año 2015 se opuso al concurso Niña Ecuador, que pretendía escoger a la representante ecuatoriana a Niña Universo 2015.

El debate actual se ubica en un nicho bastante más comercial, potencialmente discriminador, inevitablemente estereotipante, socialmente selectivo: las reinas de belleza. Ya se superará el tema, y ojalá con resoluciones claras que nos embarquen en nuevos tiempos; mientras tanto, habrá que seguir soportando opiniones en redes sociales que difícilmente penetran más allá de lo epidérmico.

Tomado de Diario El Universo

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