Veinte años no es nada

 Veinte años no es nada
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Walter Spurrier Baquerizo (columnista)

Corría 1999; Mahuad bregaba por impedir el naufragio del Titanic. La banca sufría de una aguda crisis desde 1995 por la fuga de capitales financieros internacionales debido al conflicto con Perú y la destitución del vicepresidente.

La salida de divisas causaba el alza del dólar, y subían los precios. El Ecuador iba rumbo a una inflación de tres dígitos. Todo el que podía abandonaba el sucre y guardaba dólares.

En 1997/98 el país sufrió un cruento fenómeno del Niño, que devastó las bananeras y camaroneras; las autoridades dispusieron que la banca provisione esa cartera. Los bancos con voluminosos créditos bananeros y camaroneros no pudieron responder y cayeron como dominós. El Presidente dispuso un feriado bancario, que no pudo mantener.

El precio del petróleo colapsó: promedió USD 14 el barril en 1998 (a valores de hoy) y USD 19 en 1999. La banca internacional frenó el crédito y cobraba lo prestado.

Mientras tanto, Mahuad negociaba con Perú un tratado definitivo de paz; estaba latente que Lima se vengue de la derrota en el Cenepa, con una guerra abierta.

Sectores libertarios planteaban que la solución era dolarizar. Algo inédito: ningún país de Latinoamérica había jamás dolarizado (Panamá nació con el dólar). Todo estudio a favor o en contra era teórico. Mahuad vacilaba entre un acuerdo con el FMI, o dolarizar; finalmente, ante la situación desesperada, anunció la dolarización.

Vino el golpe de Estado, la presión de Washington hizo desistir a los presuntos triunviros, y le tocó a Gustavo Noboa implementarla. El sucre se situaba en alrededor de s/17.000 por dólar pero se dolarizó a s/25.000, para que los dólares alcancen para convertir todos los billetes sucres.

Con dolarización no es posible la depreciación. Los precios, bajísimos, subieron para equipararse; el gobierno dictó alzas de salarios para devolverles el poder adquisitivo de antes de la crisis. Una vez emparejados los precios, se disipó la inflación.

Gustavo Noboa permitió la construcción de un oleoducto privado, lo que Petroecuador había frenado, y la inversión fue una fuerte inyección para la economía. El nuevo oleoducto permitió que fluya la producción petrolera represada; el gobierno de Gutiérrez vivió una bonanza. La dolarización y medidas coherentes con ella permitieron una muy rápida recuperación del colapso.

Ecuador tiene un historial de gobiernos fiscalmente irresponsables. Bajo el sucre, había impresión desbocada de billetes y por consiguiente inflación de dos dígitos. Con dolarización, eso no se puede. Pero vino un gobierno que se llevó el dinero que los depositantes tenían en el Central, elevó sueldos sin consideración con la productividad, infló el gasto público y sobre endeudó al país. Dolarizados, esta crisis será más difícil superar que la de hace 20 años.

Tomado de diario El Comercio Ec.

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