La ‘casi’ moratoria

 La ‘casi’ moratoria
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Vicente Albornoz Guarderas (columnista)

Con todo lo que está ocurriendo en el país y en el mundo, hay un hecho económico importante que pasó bastante desapercibido: el Ecuador está, desde el martes en una especie de moratoria anunciada, estamos en un período de 30 días en los cuales no hemos entrado en ‘default’, pero estamos dejando claro que tenemos la intención de hacerlo.

Los hechos son los siguientes. Al 23 de marzo, la deuda externa del Ecuador en bonos era de USD 17 700 millones, de los cuales, justamente ese día, se vencían 325 millones. Lo que se venció fueron los ‘Bonos 2020’, conocidos así por el año de vencimiento, bonos emitidos por allá por el año 2015, a 5 años plazo y a una tasa de interés de casi 11%.

El Ecuador pagó esos USD 325 millones, pero no pagó los 215 millones de intereses (de esos bonos y de otros) que también se vencían ese día. Estrictamente hablando, esto no es una moratoria, al menos no lo es todavía.

El Gobierno puede atrasarse hasta 30 días en el pago de esos intereses antes de que se declare formalmente una moratoria, con todos las implicaciones legales que eso tiene. Pero nadie en su sano juicio espera que el pago de intereses se llegue a dar.

La realidad es que el país hoy no puede pagar su deuda. Es trágico, pero todo indica que nuevamente entraremos en una moratoria, rompiendo el récord que ya teníamos de ser uno de los países que más veces ha interrumpido el pago de su deuda pública. La caída del precio del petróleo hace que haya pocos recursos en la caja fiscal y la pandemia pone las prioridades del gasto de esos escasos recursos en otros sectores.

Pero ya que una nueva moratoria parece inevitable, al menos deberíamos hacerlo bien. Eso significa que tenemos que transmitir a los acreedores que estamos actuando de buena fe, que quisiéramos pagar, pero que simplemente no tenemos con qué. Eso ya marcaría una gran diferencia con lo que se hizo en el 2008, cuando entramos en moratoria a la brava y a pesar de tener más que suficientes recursos para servir nuestra deuda. El ‘default’ del 2008 fue muy costoso para el país, al menos en lo que a reputación se refiere, algo que venimos pagando desde esa fecha en la forma de un alto riesgo país.

Otra ventaja que tenemos frente al 2008 es que hoy hay una buena relación con los organismos multilaterales, algo que garantiza que los desembolsos prometidos por ellos sí van a seguir llegando al país, incluso si entramos en moratoria de la deuda.

Parecería que la estrategia del Gobierno es entrar en un diálogo con los acreedores mostrando buena fe con hechos como el pago de una parte de lo vencido, enseñando los datos de la debilidad fiscal y buscando la compañía del Fondo Monetario y del Banco Mundial. Deseémosles la mejor de las suertes en este tremendo reto.

Tomado de diario El Comercio Ec.

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