¿Ha fracasado la educación?

 ¿Ha fracasado la educación?
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Eduardo Peña Triviño (columnista)

Es una pregunta que surge al comprobar sucesos de los últimos días. Jóvenes ladrones que utilizan la violencia máxima, personas asesinadas por sicarios, playas que parecen depósitos de basura, policías golpeados e irrespetados por cualquier persona que se cree impune. La palabra respeto parece haber desaparecido del lenguaje de la gente y todo el mundo se cree con derecho a hacer su voluntad. Los sociólogos mencionan los factores socioeconómicos como parte de la etiología del delito, la pobreza, la promiscuidad, el ambiente de violencia que las películas elogian, donde siempre se impone el más fuerte, como siempre, pero antes el más fuerte era el bueno y ahora son los malos quienes concitan la admiración de los niños. Tema inacabable y complejo para un simple comentario como este. ¿Y la educación?

Las personas de bien reclaman que en las mallas curriculares faltan los valores trascendentes del espíritu: el amor a los padres y a la patria, la honradez, el respeto a los demás y a las leyes. Es verdad. Pero en 1993, en el gobierno de Sixto, el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes presentó una reforma a la educación básica que incluía, como una de sus dos bases, el módulo ético-cívico. Se entendía que la reforma diera sus frutos en las próximas generaciones. ¡Error! Ha pasado más de una y allí están los resultados. ¿Qué valores pueden enseñar los maestros si a ellos nadie se los enseñó? Nuestras costumbres de irrespeto están a la vista.

La reforma curricular se acompañó con una campaña pública por las buenas costumbres que se abandonó al poco tiempo. Hay una tarea pendiente porque en todo hace falta enseñar. Nos dejamos envolver por la circunstancia y perdemos de vista lo esencial. Más importante que las elecciones es que la gente comprenda lo que es la democracia: Pericles decía qué es respeto. Si en la escuela no se inculcan los valores, si en los hogares los padres no lo hacen, alguien tiene que tomar esa tarea imprescindible. Es necesario que los ministros de Educación y de Cultura hagan una campaña por el respeto, a la vida, a las leyes de convivencia, a la autoridad y al aseo, que no arroje basura a la calle, que observe las señales de tránsito, que ayude a los ancianos y a las mujeres embarazadas, a los minusválidos; que cuide al planeta Tierra, la casa común de la humanidad. ¿Será necesario también inculcar a los niños el amor y respeto a sus padres, por encima de la perniciosa afición a los teléfonos celulares?

Es necesario comprender que la educación empieza por el control de sí mismo. Los padres no deben ser permisivos, aunque no sea cómodo. Hay que insistir en que hay cosas buenas y malas, que se deben practicar las virtudes, y que esta práctica no siempre es placentera, como toda renuncia que nos sujeta a las normas de convivencia social. Las cadenas de que hablaba Rousseau.

La pregunta inicial puede contestarse afirmativamente. ¿Hasta cuándo? (O)

Tomado de diario El Universo

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