Es hora de que Colombia abandone el peso

 Es hora de que Colombia abandone el peso
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Steve H. Hanke (columnista)

El peso colombiano está en problemas otra vez. En relación al dólar de EE.UU. el peso colombiano ha perdido 20% de su valor en poco más de un año y un 7% en el mes de julio. Como la mayoría de los países latinoamericanos, el peso colombiano sube y baja como un yo-yo, pero a largo plazo tiende a debilitarse. De hecho, desde agosto de 2014, el peso ha perdido 45% de su valor en relación al dólar. ¡Vaya robo! El gráfico de abajo relata la historia más reciente del peso.

De manera que además de ser un desestabilizador destructivo, el peso es un perdedor a largo plazo. Por esta razón es que los colombianos prefieren los dólares. Puede ser hora de que el gobierno oficialmente abandone el peso y le de a los colombianos lo que ellos prefieren: el dólar de EE.UU.

El dólar ha sido la moneda oficial de Panamá por más de un siglo. No fue hasta principios de 2000 que el vecino de Colombia, Ecuador, fue el segundo país latinoamericano que adoptó oficialmente el dólar. En 2001, El Salvador abandonó el colón y lo reemplazó con el dólar.

Para ilustrar las características importantes de la dolarización, consideremos a Panamá, el abuelo entre los países dolarizados de América Latina. Panamá adoptó el dólar oficialmente en 1903, y con esta medida, se volvió parte del bloque del dólar. Consecuentemente, los riesgos cambiarios y la posibilidad de tener crisis cambiarias en relación al dólar desapareció. Además, la posibilidad de las crisis bancarias en gran medida se mitigó porque el sistema bancario de Panamá está integrado al sistema financiero internacional. La naturaleza de los bancos que tienen licencias generales provee la clave para entender cómo el sistema funciona de manera fluida. Cuando las carteras de estos bancos están en equilibrio, ellos se encuentran marginalmente indiferentes entre desplegar su liquidez (crear o retirar crédito) en el mercado doméstico o en el mercado internacional. Conforme cambia la liquidez en estos bancos (el potencial para crear crédito), estos evalúan las tasas de retorno ajustadas para el riesgo en los mercados doméstico e internacionales y ajustan sus carteras de acuerdo a esto. La liquidez en exceso es desplegada a nivel doméstico si los retornos ajustados para el riesgo doméstico exceden a aquellos presentes en el mercado internacional y es desplegada en el extranjero si los retornos ajustados para los riesgos internacionales exceden aquellos presentes en el mercado doméstico. Este proceso se desarrolla en sentido reverso cuando surgen los déficits de liquidez.

El ajuste de las carteras de los bancos es el mecanismo que permite un flujo sin obstáculos de la liquidez (y el crédito) hacia adentro y hacia afuera del sistema bancario (y de la economía). En breve, los excesos o déficits de liquidez en el sistema son rápidamente eliminados porque a los bancos les da igual si despliegan su liquidez en los mercados domésticos o internacionales. Panamá puede ser visto como un pequeño lago conectado a un gigantesco océano de liquidez internacional. Entre otras cosas, esto convierte en obsoleta la función tradicional de prestamista de última instancia desempeñada por los bancos centrales. Cuando las tasas de retorno ajustadas para el riesgo en Panamá exceden aquellas presentes en el extranjero, Panamá se nutre del océano de liquidez internacional, y cuando los retornos en el extranjero exceden aquellos presentes en Panamá, este agrega liquidez (crédito) al océano en el extranjero. Para continuar con esta analogía, el sistema bancario de Panamá actúa como el Canal de Panamá, el cual mantiene el equilibrio entre dos cuerpos de agua. No sorprende que con este alto grado de integración financiera prácticamente no exista una correlación entre el nivel de créditos concedidos a los panameños y los depósitos en Panamá. Los resultados del sistema monetario dolarizado y del sistema bancario internacionalizado de Panamá han sido excelentes cuando se los compara con otros países de mercados emergentes.

Los países que están oficialmente dolarizados generan tasas de inflación más bajas, menos variables y tasas de crecimiento económico más altas y estables que países comparables con bancos centrales que emiten monedas domésticas. La dolarización es, por lo tanto, deseable.

El cuadro de abajo muestra los valores normalizados del PIB nominal en dólares de EE.UU. entre 2001 (valor del índice = 100) y 2018 para seis países de América Latina. Tres de ellos —Panamá, Ecuador y El Salvador— están oficialmente dolarizados, mientras que Perú tiene un sistema de dos monedas (léase: tanto el sol peruano como el dólar de EE.UU. son monedas de curso legal). En los tres países oficialmente dolarizados, el crecimiento del PIB en dólares de EE.UU. ha sido más estable que el crecimiento en los países que emiten su propia moneda. Perú, con el sistema de dos monedas, registra menos estabilidad que los países completamente dolarizados, pero tiene un crecimiento relativamente sólido. Cuando se trata de Colombia, su tasa de crecimiento es altamente variable y modesta. De hecho, gracias a la caída del peso luego de 2013, el PIB de Colombia también se ha desplomado.

Cuando observamos la inflación, los bancos centrales de toda América Latina son grandes perdedores comparados con la Reserva Federal (léase: los sistemas dolarizados). Las tasas de inflación a través de las décadas para Colombia y Panamá relatan esta historia impresionante (ver el cuadro de abajo)

Es hora de que el gobierno colombiano llegue a la misma conclusión a la que llegó el gran economista de MIT, Rudi Dornbusch: la conveniencia de la dolarización oficial es algo obvio.

Esta columna fue publicada con anterioridad en el centro de estudios públicos ElCato.org.

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