Epidemia de la soledad

 Epidemia de la soledad
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Alfredo Astorga Bastidas (columnista)

Silvia Fesquet, editora del diario argentino Clarín, ha sorprendido hace pocas semanas a los lectores con su reseña sobre la soledad, la epidemia menos esperada. Revela algunas informaciones preocupantes. “Entre el 30% y el 40% de los adultos jóvenes se sienten siempre o frecuentemente solos o dejados de lado”, según estudios efectuados en varios países. “Una encuesta online de la BBC sobre 55 mil personas en todo el mundo el año pasado, determinó los niveles de soledad eran más altos en la franja de 16 a 24 años”.

Un estudio en Japón sobre la tendencia a recluirse en casa sin contacto, alcanzó la cifra de 541 mil personas entre los 15 y 39 años, duplicando el dato de 2010. Otro estudio en Aragón, España, revela que al menos 8 mil personas viven solas, no tienen familia ni amigos, nadie a quien llamar o con quien hablar.

No disponemos de estudios sobre el fenómeno en el país, pero inferimos que las situaciones tienen algo de parecido, con menos dramatismo ciertamente. El fenómeno en todo caso ya está entre nosotros y es creciente, no solo en la vejez, como se pensaba, sino en la juventud. Siempre sospechamos, siguiendo a numerosas informaciones, que el crecimiento exponencial y la efervescencia de las comunicaciones actuales, no iban de la mano de mejores relaciones humanas. Y excluía cada vez más los contactos directos, los encuentros cara a cara, la compañía cotidiana. En la época de la “conexión infinita del internet” estamos cada vez más solos. Más conectados, más aislados. El absurdo.

Las consecuencias físicas y sicológicas asociadas con la soledad son múltiples, aquí algunas: baja calidad del sueño, preferencia por comer en lugar de socializar, cuadros de estrés y depresión, presión sanguínea elevada, baja de defensas, mayor propensión a enfermedades cardíacas, mayor riesgo de demencia, riesgo de muerte prematura.

A pesar de las sospechas y las inferencias nunca pensamos que la soledad pudiera ser tan alarmante. Tanto como para que el Foro Económico Mundial la incluyera como “una de las grandes amenazas para la economía del planeta, junto con el clima extremo y las vulnerabilidades económicas”. Cada vez menos acompañados. Cientos de seguidores en las redes y ausencias enormes en las amistades cercanas. La ternura no se transmite virtualmente, necesita ojos, manos, rostros, diálogos, complicidades.

Por si fuera poco, la editora de Clarín nos emplaza con dos noticias sorprendentes: la existencia de “una organización que cobra por pasear acompañados” y “otra que pone sillas en la calle para estimular la conversación”… Los extremos están cerca. Ojalá no sea demasiado tarde. Ojalá las familias, los educadores y los comunicadores estemos a la altura. No hay nada más vitalmente provechoso que la compañía. Placer y beneficio.

Tomado de diario El Comercio Ec.

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