Contra el virus; ¿el decreto?

 Contra el virus; ¿el decreto?
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Alberto Dahik Garzozi (columnista)

El coronavirus está haciendo un estrago en el mundo mucho más allá de lo que jamás hubiéramos imaginado. Países, como Italia, paralizados completamente. Países, como España, al borde de lo mismo. Al momento de escribir este artículo, la ciudad de Washington paralizada. Las bolsas importantes en todos los continentes desplomándose. La cadena de producción y de suministros, rota. Los precios de los productos a la baja por la falta de demanda. Aunque hoy se habla de “desaceleración” de la economía mundial, nada raro sería que vivamos finalmente una recesión del planeta en su conjunto para el año 2020.

En realidad, las pandemias están lejos de ser un fenómeno nuevo en la humanidad, más bien han sido muy abundantes y, en términos relativos, son menos graves hoy que en otras épocas de la historia.

Así por ejemplo, aunque fue a través de varios siglos, la viruela mató a más de 300 millones de personas, y sigue siendo la pandemia más grande que jamás haya conocido el hombre. Y la famosa Influenza, o gripe española, mató entre 30 y 100 millones de personas, justo al final de la primera guerra mundial. Es decir, esa pandemia mató mucha más gente que la guerra misma.

Sin embargo, así como podemos estudiar la historia de las pandemias, comenzando por la que liquidó a un tercio de la población de Atenas entre el 430 y 429 a.C., o la famosa peste bubónica que asoló a Bizancio, o los repetidos ataques de cólera que afectaron a la humanidad, podemos también estudiar otras pandemias, que afectan a más gente. Las pandemias populistas-socialistas, que han matado de pobreza, tristeza, desesperanza y ruina económica a muchas sociedades. Ahí están los ejemplos de la fallida Unión Soviética, Cuba, la Venezuela de hoy, la China hasta que Mao la dejó, la Cambodia de Paul Pot, o la misma debacle de Argentina que se origina con Perón. Los ejemplos son tan abundantes como las pandemias virales o bacterianas.

Y esas pandemias “sociales-políticas y económicas” tienen algo en común: el populista tirano decreta, da una orden y se “resuelven” las cosas. Así, por ejemplo, decreta que se elevan los salarios, y esto supuestamente resuelve el problema de la pobreza. Se decreta que se le quitan tales cosas a los ricos, y con eso se pretende resolver el problema de la equidad. Se decreta el control de precios, y con eso controlan supuestamente la inflación.

Cuando hay moneda propia se decreta que el dólar vale tanto, y supuestamente con eso paran la estampida del tipo de cambio. Se decreta que bajen los intereses y que se le regale crédito a tal o cual sector, y con eso supuestamente se aumenta la producción y se beneficia al pueblo. Pero al fin del día, todo esto es una gran mentira, y para que la entendamos, hoy tenemos el ejemplo del coronavirus, que lo debemos analizar.

La pregunta es: ¿por qué tanto líder del mundo que por demagogia decreta tanta y tanta tontería, no ha decretado la prohibición de que el virus entre a su país? Sencillamente porque sería el hazmerreír del planeta entero. Pues es igual de tonto creer que la riqueza, la igualdad y el progreso se pueden conseguir por decreto o imprimiendo billetes y dándoselos a la gente, o regalando cosas a través del Estado. Eso es igual de tonto que prohibir la entrada del virus a un país.

¿Qué está haciendo el Ecuador? Un gran esfuerzo, una gran lucha. Está siguiendo un plan, está haciendo sacrificios, y muchos de ellos muy dolorosos para derrotar a la pandemia.

La lucha contra la pobreza es exactamente igual. No se la gana mediante decretos, ni con la verborrea o el discurso barato del tirano populista de turno. Se derrota a la pobreza por un sostenido esfuerzo y por sacrificios, que la sociedad tiene que hacer y que un país los tiene que entender y aceptar, y que si no lo hace, jamás vencerá entonces a ese gran mal.

Frente a la crisis mundial y la propia del Ecuador, que es aún más grave, todavía se grita que si se focalizan subsidios habrá marchas, y el discurso de quienes siguen al populismo sigue siendo que no se acepta ningún ajuste.

Mientras no se entienda el esfuerzo que toma salir de la pobreza, el discurso de la sociedad ecuatoriana será similar a la de cualquiera que mediante un decreto pretenda que el virus no ingrese a un país.

Si en un momento como este en el Ecuador se oyen todavía muchas voces que insisten en que no se pueden suprimir subsidios, si se cree todavía que con discursos, palabras y sin sacrificio y esfuerzo vamos a salir adelante, estamos siendo tan tontos como quien firma un decreto para prohibir el ingreso del coronavirus a algún país.

Esta crisis nos va a pegar de tal manera, que ojalá sea el momento en que entendamos nuestra misión de largo plazo: desarrollarnos y derrotar a la pobreza sin mentiras, sin sueños irreales, sin promesas falsas, aceptando que eso es solo con trabajo, esfuerzo y sacrificios y por muchos años. (O)

Tomado de diario El Universo

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