Calamidad

 Calamidad
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Benjamín Fernández Bogado (columnista)

Esta es una extraña palabra y muy apropiada para los tiempos que corren. Hace referencia a hechos y personas. Refleja pérdidas y consecuencias desastrosas como también define a personas inútiles, molestosas y que traen consecuencias negativas a su entorno. Viene del latín: calamitas que significa golpe o daño. Este es un momento de calamidad global por obra y desgracia de varias cosas que hemos venido haciendo mal y ahora tontamente nos preguntamos cuándo terminará toda esta pandemia para volver a los tiempos “normales” de antes, cuando en realidad esos eran los momentos de crisis que no habíamos podido notar. El nivel de polución bajó ostensiblemente en todo el planeta y la expresión de que el globo ha tenido un respiro parece ser suficientemente elocuente de lo que vivimos. También desnudó el nivel de miserabilidad de personas e instituciones. El abandono y la dejadez de los servicios públicos de salud que se han cobrado en vidas humanas un altísimo precio. La calamidad de tener líderes políticos que colocaron y colocan factores económicos por encima de la vida y otros tan egoístas que son incapaces de entender el momento que nos toca vivir fuera de su individualismo desesperanzador.

La crisis no es esta, era la “normalidad” en la que vivíamos y que parecía imposible de parar a través de la racionalidad. Solo una pandemia nos puede despertar hacia hechos objetivos que no podían dejar de ser analizados. Los cínicos, los sinvergüenzas, los corruptos y los déspotas no pueden ante la muerte y su amenaza. El terror se apoderó de un mundo inequitativo, injusto y poluyente al que nadie había podido convencer de la urgencia de hacer los cambios y ahora sus líderes calamitosos se preguntan: ¿cuándo volveremos a esos tiempos?. Primero, negaron luego subestimaron para finalmente asumir este estado de calamidad que no parará hasta que una vacuna detenga la propagación del virus. Nadie se anima hoy a ponerle plazo. Los mas optimistas hablaban de un par de meses y ahora los cálculos son de un año y medio como mínimo. La sobrevivencia es la clave hoy para un mundo que soñó con la globalización y que hoy asiste a su entierro. El de los liderazgos mesiánicos y populistas que perdieron la oportunidad en los tiempos de bonanza para transformar nuestro rezago educativo y de salud en algo que tuviera que ver con la decencia de trato hacia los mandantes. Ya fue. Solo nos queda construir un mejor futuro con instituciones y personas que hayan sobrevivido de esta calamidad que dejará maltrecho a un mundo que ignoró todas las advertencias.

Requerirá de patriotas, visionarios, innovadores y por sobre todo líderes con empatía que hayan dejado atrás la soberbia y el egoísmo que están claramente en el centro de esta calamidad mundial. El daño ya está hecho, la pandemia es el resultado de la crisis y la solución es un mundo nuevo reconciliado con la naturaleza y el ser humano los únicos fundamentos de cualquier acción política. Hasta aquí hemos llegado con los liderazgos que tenemos. El Estado calamitoso requiere una vigorosa reacción de la sociedad sobreviviente a esta gran tragedia global. Y hacia eso debemos marchar. (O)

Tomado de diario El Universo

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