Diana Acosta Jaramillo (columnista)

El órgano rector del proceso electoral ecuatoriano está en crisis, por lo que es imprescindible tomar todos los correctivos y medidas necesarias para ponerlo en orden lo antes posible. 

El problema de fondo es que la ciudadanía no tiene confianza en esta institución, incluso lo ratifican encuestas recientes sobre el tema. Tienen peor aceptación que el gobierno de turno y eso es alarmante

Las pugnas constantes, las denuncias sobre repartición arbitraria de cargos al interior del CNE, manejos oscuros en el último proceso electoral, contrataciones de elementos con prontuarios de alto vuelo, que incluso están tras las rejas por tráfico de influencias.

Flaco favor le han hecho ciertas autoridades al organismo de control electoral. Ahora su presidenta enfrenta un juicio político, auspiciado por la bancada de CREO, cuyo resultado anticipamos en vista de que no tienen por ahora los votos suficientes. 

Más allá del ‘show’ y la pantomima, se desnudan tras la pretendida remoción de la presidenta los obscuros intereses de arrebatar el control de esta función para tomar las riendas del próximo proceso electoral. Si este fuera el caso, ante la falta de la presidenta, veremos cómo se sacan las entrañas los miembros del consejo, para lograr su control. 

Lo único cierto es que debe ocurrir una depuración urgente de esta institución para lograr el beneplácito y confianza del pueblo y así asegurar un proceso electoral justo, objetivo y transparente. Se deben desterrar los manejos irregulares, la manipulación de votos, los conteos arbitrarios y cualquier otra maña o triquiñuela propia de las dictaduras bananeras del continente. 

Los ecuatorianos estamos cansados de los manejos torcidos del órgano supremo de las elecciones del Ecuador, donde el partido político de turno acostumbra a hacer y deshacer según manden sus intereses y patronos. No debemos caer en el pesimismo de pensar que la transparencia del proceso electoral es un “sueño de perro”, aunque sinceramente, pienso que hay altas probabilidades de que no pase nada, como usualmente ocurre en nuestro país.(O)

Tomado de diario Expreso

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