Y ahora Chile

 Y ahora Chile
Digiqole ad

Por: Ernesto Albán Gómez

Las varias lecturas, como dicen los entendidos, del resultado de las elecciones presidenciales chilenas, llegan a conclusiones contradictorias: desde la euforia de quienes anuncian una nueva etapa de gobiernos de izquierda en América Latina, hasta el temor de quienes pronostican una eventual deriva hacia el nefasto modelo, implantado por el socialismo del siglo XXI en Venezuela, Ecuador o Nicaragua.

Me parece que estas dos lecturas son demasiado simples. Sobre la primera podríamos comentar, filosóficamente, que el tiempo lo dirá, pues las profecías prematuras suelen ser desmentidas por la insobornable realidad. Lo que sí va quedando claro es la aguda polarización de las sociedades de la región que se sitúan sin más en posiciones extremas. En todo caso, no se debe olvidar que en las decisiones de los pueblos irrumpen factores complejos, y no responden necesariamente a una alternancia, casi mecánica, entre tendencias políticas.

Sobre la segunda lectura caben algunas reflexiones. Ciertamente que las experiencias de los países citados han provocado un temor, que parecería justificado, ante la sola posibilidad de que un gobierno de izquierda podría parecerse, por ejemplo, al de Venezuela. Tal temor ha influido ya en los resultados electorales de varios países, incluido el Ecuador. También explica, a mi modo de ver, la importante votación del candidato chileno de ultraderecha, que en otro escenario no debería sobrepasar el veinte por ciento de los votos. Lo que lleva a la conclusión de que tales gobiernos son la mejor propaganda de los candidatos de derecha.

Pero me parece que lo más importante en la elección chilena, con miras al escenario global latinoamericano, es la presencia y consolidación de una izquierda diferente a la de marras. Hay que recordar que la izquierda ya jugó en el pasado un papel apreciable en la política regional, en el Uruguay y en el mismo Chile, en conformidad con los principios democráticos. Ahora aparece con un discurso más radical y con socios menos recomendables, pero es poco probable que siga el camino del socialismo del siglo XXI. En principio porque Boric, en varias declaraciones, ha establecido claramente las distancias con tales regímenes; pero también porque, en la actual situación política e institucional de Chile, no parece posible que un gobierno, cualquier gobierno, pudiera llevar adelante un proyecto de tal naturaleza.

Tal vez esta sea la razón por la cual los analistas insisten en señalar las dificultades con las que se encontrará Boric si trata de implantar un programa inspirado en las reclamaciones formuladas en las calles. Todo ello con la perspectiva de una nueva Constitución, que deberá ser sometida a la consulta popular en el próximo año.
Ciertamente no se trata de una tarea sencilla.

Tomada de diario El Comercio ec.

Digiqole ad
Avatar

Columnista

Artículos relacionados