Webster, un despropósito

 Webster, un despropósito
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Walter Spurrier Baquerizo (columnista)

La Asamblea Nacional reforma el Código de la Democracia para que la distribución de escaños entre las listas para asambleístas sea mediante el método Webster. Hasta hoy, se utiliza Webster solo para la lista nacional; para las provinciales se recurre a D’Hondt. El método Webster favorece a los asambleístas independientes y a los grupúsculos políticos, en perjuicio de los partidos y movimientos grandes.

En la Asamblea hoy son mayoría los legisladores sin afiliación a partido grande, o a partidos que tendrán una baja votación en las próximas elecciones; es el caso de Alianza PAIS. Por eso el cambio a Webster. Legislaron de acuerdo a sus intereses políticos.

Quienes proponen el método Webster argumentan que es más democrático: arroja una composición legislativa que refleja la gama de tendencias políticas. Pero el propósito de una elección no es recrear en la Asamblea un microcosmos de la sociedad, sino escoger un presidente que pueda gobernar y un poder legislativo que sirva de contrapeso al ejecutivo. Eso no se logra con Webster.

En febrero del 2021 elegimos a los finalistas para la presidencia, y asambleístas. Los dos primeros de la primera vuelta probablemente captarán alrededor del 20% del voto cada uno; con el sistema Webster sus listas colocarían poco más del 20 % cada una del total de asambleístas.

El gobierno que se posesionará en mayo 2021 deberá enderezar la economía, requerirá reformar leyes. Pero el presidente contará con un bloque oficialista minoritario, dificultando la tarea legislativa. Para pasar leyes, el presidente tendrá que comprar los votos de los caciques locales o movimientos de chulla curul, que constituirían gran parte de la Asamblea. Los votos serán caros: cargos en Petroecuador, contratos con el Estado.

El sistema Webster es una invitación a la corrupción. Ganar una curul con cualquier membrete será una inversión.

Si se aplica Webster, entonces hay que hacer una de dos cosas: o trasladar las elecciones legislativas a la segunda vuelta, o requerir que las fuerzas políticas superen un cierto coeficiente de la votación nacional, para ser acreedoras a escaños en la Asamblea.

Si las elecciones legislativas tienen lugar en la segunda vuelta, un mayor número de electores votará para la Asamblea por la lista de su candidato presidencial, con lo que la representación legislativa tendería a polarizarse en dos grandes bloques: el oficialista y el del otro finalista de la segunda vuelta.

La otra opción es la alemana. Parte de los escaños en el Bundestag se distribuyen mediante Webster, pero solo entre candidatos de las listas que hayan superado el 5 % de la votación nacional. Los grupúsculos quedan fuera.

La ingobernabilidad que resultará de elegir asambleístas por lista en la primera vuelta y asignar escaños con el método Webster llevará a que se critique que la democracia es inoperante y se invoque la necesidad de instaurar un gobierno autoritario.

Como experimentamos entre 2008 y 2017, bajo un gobierno autoritario las minorías están desprotegidas, y la falta de contrapesos deja camino abierto a la más impúdica corrupción de los funcionarios públicos.

El presidente Moreno aún puede impedir que se cometa este atentado contra la gobernabilidad, y vete este cambio al Código de la Democracia. (O)

Tomado de diario El Universo

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