¿Somos una sociedad viable?

 ¿Somos una sociedad viable?
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Alberto Dahik Garzozi (columnista)

Los hechos recientes, los más dolorosos de los cuáles yo tenga memoria en cuanto a herir el corazón de la sociedad ecuatoriana, tienen que ser vistos con una mirada mucho más profunda que la normalmente utilizada.

La más profunda reflexión para mí es si tenemos opción de salir adelante como sociedad. Amo al Ecuador, y nunca perderé esa fe, pero hoy, tengo una crisis de fe.

Somos el único país de Latinoamérica, excepto Venezuela, que subsidia el combustible. En muchos países, no solamente que el precio no está subsidiado, sino que además se cobra impuestos, para no estimular el consumo de un factor contaminante, y para mejorar la redistribución del ingreso, pues todos saben y lo entienden, menos en este país, que el consumo de hidrocarburos es más alto en las clases más pudientes.

Viví 20 años de exilio en Costa Rica, país modelo en vigencia de derechos humanos, y con gran institucionalidad, con gran inversión extranjera y un tradicionalmente reconocido sistema de educación y salud. El precio del combustible en ese país es variable. Pagué en los primeros años de esta década cuando todavía vivía allá, más de 6 dólares por un galón de combustible. Hoy vale más de 5. Hay impuestos sobre el combustible, que se suman a un precio variable de acuerdo al precio internacional. Nadie protesta, nadie sale a la calle. ¡Cómo quisiéramos el sistema de salud y de educación de Costa Rica!

Tenía una moto, la cual usaba para transportarme, porque el ahorro que eso me producía en combustible era importante para mi economía personal. Cuando salía en familia usaba el auto. Llenar el tanque de combustible de mi vehículo, un 4×4 con motor V6 de 3.5 litros, me costaba más de 100 dólares. El de la moto 6 dólares.

¿Cómo es posible que la sociedad ecuatoriana no entienda esto? Una cosa es que a la gente no le guste algo. Otra cosa es que no lo entienda. A nadie le gusta ni siente placer de ingresar a un hospital, para ser anestesiado, que luego lo corten, le saquen un tumor, y tenga una recuperación que lo limita físicamente y lo obliga a un posoperatorio. Más aún, en muchas ocasiones, esa operación puede limitarlo a hacer muchas cosas a futuro, pero como contrapartida le salva la vida.

Nadie sale a protestar por esa cosa que no le gusta. ¿Alguna vez ustedes han visto una manifestación de pacientes que protestan porque les dolió el tratamiento o la operación? Hay protestas en muchas partes del mundo, y las ha habido en el Ecuador, cuando no hay medicinas, cuando falta atención de salud, cuando hay mala práctica. No hay protestas de pacientes porque los han operado correctamente, aunque no les haya gustado.

¿Qué ha hecho nuestro sistema educativo? ¿Qué capacidad de análisis le ha dado a nuestros estudiantes? ¿Quién formó a los maestros? ¿Qué han hecho los políticos para erradicar este cáncer de un subsidio perverso? ¿Qué ha hecho la prensa para analizar este problema?

La respuesta a estas preguntas puede ser espeluznante. Nuestro sistema educativo fue controlado no precisamente por lo que los saqueadores y revoltosos llaman “derecha”, a la cual acusan de gobernar, sino por la izquierda que no ha dado espíritu crítico y muy posiblemente deformado la mente de los educandos, sin darles capacidad de análisis.

La gran mayoría de políticos, salvo honrosas excepciones, han echado tradicionalmente leña al fuego sobre este tema. Baste recordar nuevamente, que cuando en el gobierno de Sixto Durán Ballén, del cual fui vicepresidente, no solo eliminamos el subsidio, sino que además propusimos y logramos cambios de la ley que permitió la libre importación y la fijación del precio libre en el mercado ecuatoriano de acuerdo al precio internacional. Los políticos derogaron esto, por una perversa, antipatriótica, irresponsable y demagógica actitud.

¿Cuántas veces la prensa de investigación y análisis ha exigido que este subsidio acabe? ¿No entiende esa prensa de análisis el contrabando y el efecto negativo en la redistribución del ingreso?

¿En qué país de América se ha visto que por una medida que es facultad del ejecutivo tomarla, que hace evidentemente bien a la sociedad, se produzca un saqueo y los desmanes que ocurrieron en el Ecuador?

La manera de protestar en una sociedad civilizada es en las urnas. La manera de condenarse, lamentablemente es también en las urnas, donde las mayorías se pueden equivocar. Pero una vez que las mayorías deciden, el gobierno legítimamente constituido no puede ser sometido al terrorismo, a la sedición, a la subversión como claramente se pudo ver en los últimos episodios de nuestro país.

Hay el análisis superficial de los daños materiales, las pérdidas económicas. Hay el análisis profundo que nos lleva a concluir que a menos que el Ecuador cambie de mentalidad, de una sociedad paternalista apegada al populismo, de una mentalidad que ha hecho al ecuatoriano creer que debe ser un pordiosero con la mano estirada hacia el gobierno o hacia el tirano de turno, y se convierta en una sociedad moderna que anhele libertad, ahorro, producción, trabajo, productividad, inserción en el mundo, en fin de cuentas una economía libre, no saldremos de la pobreza, a la cual la izquierda dice combatir, y es campeona para generarla. (O)

Tomado de diario El Universo

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