Senescyt: reformar, no disolver

 Senescyt: reformar, no disolver
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Por: Alexandra Kennedy-Troya

Durante la campaña Guillermo Lasso afirmó que la Senescyt -parte del Sistema de Educación Superior- desaparecería y que habría que eliminar el satanizado examen (EAES) de ingreso a las universidades; los estudiantes debían escoger libremente sus carreras. Afortunadamente, parece ser que sus palabras fueron un gancho de campaña para el electorado joven.

Más informado de sus funciones, esta institución tendría que existir con las reformas debidas. Ésta, además del examen de ingreso centralizado, registra títulos universitarios, otorga becas, gestiona institutos y conservatorios superiores públicos, amén de la innovación, investigación y transferencia tecnológica. Ha realizado un censo de investigadores del país y hace el seguimiento del buen uso de las exoneraciones a las importaciones que realizan las universidades.

Varios asuntos que creemos se deben tomar en cuenta. Es indispensable fortalecer la educación técnica y tecnológica, carreras medias que se desprenden de las ya establecidas y muy demandadas como medicina, arquitectura, leyes u odontología, afirma Andrea Malquin, directora zonal de Educación Superior. No hay espacios laborales para estas carreras “madre” y el costo para formar cuadros es altísimo.

Por otra parte, es demagógico insistir en el libre ingreso, ¡No hay cupos! Antes, habría que fortalecer el presupuesto y analizarlo con cuidado; las universidades dependen del fluctuante cobro de impuestos. Durante esta pandemia han bajado, el recorte para la educación ha sido brutal. La Escuela Politécnica de Guayaquil ha debido subsistir con un 50% de recorte, las otras igual. El libre ingreso supone contratación de más profesores, mayor infraestructura, ampliación de laboratorios, entre muchos otros aspectos, sostiene María Augusta Hermida, rectora de la Universidad de Cuenca. Tampoco se deben exigir Phd o doctorados indiscriminadamente; optar por el título doctoral solo aquel que se dedicará a la docencia y a la investigación con vocación, si el espacio y los recursos lo permiten.

Revisar a fondo las becas otorgadas y la exigencia en la devolución de créditos a estudiantes que volvieron del exterior y no encuentran trabajo; eliminar la figura de prometeos; localizar las demandas de profesionales medios y universitarios que requiere el país y sobre todo: defender y fortalecer la educación pública, de gratuidad total para los que lo necesitan. Buscar relacionarla con los sectores productivos del país; crear bolsas de pasantías y orientar al estudiantado hacia el mundo laboral. En todos los países desarrollados sus mejores centros de estudio son públicos: UNAM de México, la Sapienza de Roma o la Complu­tense en Madrid. La educación y la salud son dos derechos fundamentales del ser humano, son derechos públicos, no pueden ni deben pasar a manos privadas.

Tomado de diario El Comercio ec

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