Salud de los suelos

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Alfredo Saltos Guale (columnista)

Con motivo de la realización de la cumbre sobre el clima denominada COP25, concluida en Madrid, se dio enorme relevancia al sector silvoagropecuario y dentro de él, a esa pequeña porción del perfil del suelo responsable del 95 % de la producción alimentaria mundial, haciendo énfasis en la necesidad de su conservación y el mantenimiento de su buena salud, es decir, que perdure en él su facultad para mantenerse vivo, por la comunidad de organismos que impiden las enfermedades de las plantas, conviviendo felices con las raíces, facilitando su nutrición y mejorando la producción agrícola. Es un buen momento para reflexionar sobre qué ha hecho el Estado ecuatoriano, en sus segmentos públicos y privados, para alcanzar ese ansiado objetivo.

La obligación de atender la integridad de los suelos se encuentra expresamente contenida en la Ley Orgánica de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales, promulgada el 14 de marzo de 2016, todo el capítulo V del título I, desde los artículos 49 hasta el 53, contiene claras disposiciones para su efectiva protección, prevención de contaminación y pronta recuperación, señalando responsabilidades concretas a la Autoridad Agraria Nacional, entiéndase Ministerio de Agricultura y Ganadería, para que bajo su liderazgo ejecute y coordine acciones con otros ministerios y organismos públicos e inclusive con los municipios, prefecturas y juntas parroquiales, para que en planes conjuntos aboguen por garantizar su pureza y perdurabilidad.

Esta aspiración armoniza con los términos de la Declaración de Restauración de Ecosistemas, suscrita el 9 de diciembre en Madrid por los ministros del Ambiente de Perú, Chile, Costa Rica, Nicaragua, Uruguay, Argentina y El Salvador (la nota de la prensa internacional no menciona a Ecuador), profesión de fe muy sentida y de profunda convicción política para asumir con frontalidad la degradación de los suelos, mantener los servicios ecosistémicos y la biodiversidad.

Antes, el 6 de diciembre, día dedicado exclusivamente por la COP25 para analizar, identificar y potenciar acciones conjuntas que favorezcan a la agricultura, ganadería y forestación frente al dantesco escenario del cambio climático, que les afectará irremediablemente, concluyendo con el lanzamiento y suscripción de una manifestación política contenida en la Plataforma de Acción Climática para la Agricultura de América Latina y el Caribe, PACA, que planteará soluciones basadas en el respeto a la naturaleza, aspirando optimizar la coordinación y transferencia de conocimientos entre naciones de una misma región y propender al desarrollo económico y social. Rescata la plena vigencia de la iniciativa 4 por 1000 o “suelos para la seguridad alimentaria y el clima”.

Las definiciones de la COP25 desmienten con gran convicción el absurdo vaticinio de RethinkX, grupo de expertos independientes que ha pronosticado la desaparición de la agricultura y ganadería, no más allá del año 2035, por la producción artificial de alimentos, criterio que abona la corriente que identifica las labores agrícolas y cría de ganado como causantes de la contaminación que ha puesto al planeta al borde del exterminio, desconociendo su capacidad de extraordinarios captadores de carbono y primordiales abastecedores de nutrientes para el mundo. (O)

Tomado de diario El Universo

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