Salimos o salimos

 Salimos o salimos
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Pedro Valverde Rubira (columnista)

Al momento de escribir esta columna, el mundo libra probablemente la batalla más dura que le ha tocado vivir desde la segunda guerra mundial.

Evidentemente las circunstancias y resultados son diferentes, pero no recuerdo una crisis global tan agobiante y agresiva como esta.

Los gobiernos del mundo, cada cual en su estilo y de acuerdo con sus realidades y posibilidades, hacen sus máximos esfuerzos por romper la tendencia de contagios y muerte, y proteger a sus ciudadanos, pero al mismo tiempo, impedir que “la cura sea más costosa que la enfermedad”, frase utilizada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para graficar que no se puede descuidar ni menos sacrificar la economía en la lucha contra el COVID-19, porque las consecuencias de una catástrofe económica mundial serían peores que las que causa el COVID-19.

Lo cierto es que, aunque como diría José María Cano en su célebre canción dedicada a Salvador Dalí, “… esta lavadora no distingue tejidos…”, no es menos cierto que en estos tiempos los recursos económicos son fundamentales para la lucha contra la pandemia que azota al mundo.

Solo así se explica que países como China, por ejemplo, hayan podido darse el lujo de “cerrar el quiosco”, mandar a su gente a la casa y parar completamente; o en el caso de Reino Unido o Estados Unidos ofrecer compensaciones económicas a la gente que tiene que encerrarse y dejar de producir mientras dure la pandemia.

Lamentablemente, la realidad de todos los países no es la misma; y en lo que nos interesa directamente, que es el Ecuador, es completamente diferente.

La pandemia nos agarra con los bolsillos prácticamente vacíos, producto del despilfarro irresponsable y doloso de los recursos fiscales durante la década gobernada por la revolución ciudadana, del abuso del gasto público por parte de una burocracia que se siente dueña del Ecuador, y de la inacción de las autoridades económicas del país, pensando únicamente en patear el problema para el próximo gobierno, y saboteados por operadores correístas enquistados en mandos medios del obeso aparato estatal.

Y en tales circunstancias, la lucha es cuesta arriba; porque aunque médicamente lo responsable es el aislamiento y frenar las actividades, nuestra economía no podrá resistirlo; porque nuestro pueblo pobre, que es la gran mayoría del Ecuador, tiene que salir todos los días a buscar los recursos para comer día a día, y si se queda en casa, no come; así de sencillo.

Ante esta realidad, solo nos queda recomendar a quienes puedan, acatar las órdenes del gobierno y quedarse en casa, y a los que no puedan, hacer un esfuerzo por tomar medidas de higiene y distanciamiento que estén a su alcance, orar por los valientes médicos que luchan contra este poderoso enemigo invisible, y por que nuestras autoridades sean iluminadas al momento de tomar tan duras decisiones para proteger al país.

Salimos o salimos, no tengo duda. Hasta tanto, fuerza Ecuador. (O)

Tomado de diario El Universo

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