Reforma de la justicia

 Reforma de la justicia
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Por: Juan Pablo Aguilar

“El sistema de justicia que tenemos es también el reflejo de una sociedad acostumbrada a saltarse las reglas”.

Las serias deficiencias de nuestro sistema de justicia no son una novedad para nadie y, por eso, anuncios como el que acaba de hacer el Presidente de la República, que al menos muestran la voluntad de poner cabeza en el asunto, deben ser bienvenidos.

Dudo, sin embargo, que el problema tenga que ver con consultas populares o reformas legales o, al menos, que perfeccionar las normas deba ser el objetivo fundamental. La consulta es un simple instrumento y, si vemos nuestra historia reciente, útil no tanto para el objetivo por ella enunciado, como para consolidar determinadas posiciones de poder; sin duda, la consulta puede ser necesaria y al Presidente toca evaluarlo, pero sería lamentable que los cambios requeridos se conviertan en simple componente retórico de una estrategia política.

Siempre es posible pensar en reformas normativas, desde las simples a las complejas, que pueden alcanzar a la propia Constitución; pienso en la designación de los jueces, por ejemplo. Pero estoy convencido que la cuestión va más allá de lo que ya se plantea, como la “nueva arquitectura” judicial o las reformas penales; el tema es mucho más complejo y de largo aliento.

En la última década, sin ir más lejos, ha mejorado sustancialmente la infraestructura de juzgados y tribunales; pero las nuevas instalaciones siguen albergando a los mismos abogados y siendo escenario de las mismas prácticas judiciales. Los cambios normativos están destinados a fracasar frente a la realidad de la formación jurídica, con establecimientos de baja calidad, que producen por decenas abogados incapaces de entender los conceptos básicos, hasta el punto de reducir su profesión a una simple tramitología.

Pero, y esto es lo peor, el sistema de justicia que tenemos es también el reflejo de una sociedad acostumbrada a saltarse las reglas, una sociedad en la que las prácticas torcidas y corruptas son tan cotidianas, que acaban por no ser identificadas como tales. Ojalá todo pudiera arreglarse con una consulta.

Tomado de diario El Comercio ec.

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