Otra vez el Gran Guayaquil

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Eduardo Peña Triviño (columnista)

Quienes transitan por la vía Perimetral se dan cuenta de la inutilidad de las fronteras entre cantones: de una, pasan por tres: Guayaquil, Samborondón y Daule. Miles de trabajadores tienen que desplazarse a Guayaquil para tareas productivas y regresan terminada su jornada a sus hogares en otras jurisdicciones. Producimos en Guayaquil, usamos sus servicios, nos beneficiamos de su excelente administración, pero no le pagamos impuestos. Estos nos los cobran las ciudades-dormitorios.

Vivo en Samborondón desde hace 15 años, pago a su municipio los impuestos prediales, tal vez los más altos del país. Pero mi actividad productiva es en Guayaquil. Creo que es el caso de miles de ciudadanos que buscaron seguridad y tranquilidad en las urbanizaciones cerradas. Lo hice porque vivía en la ciudadela Bolivariana, donde en poco tiempo asaltaron y robaron a mis hijas, tres veces, al pie de mi casa. Aquí no roban, y la única molestia es la mala educación de algún ricachón abusivo que celebra fiestas al aire libre con música de muy alto volumen. Pero ese es otro tema.

En dos ocasiones anteriores he usado esta columna para proponer, o insistir, en la idea de que deberíamos formar una mancomunidad de cantones vecinos para mejorar los servicios públicos: la vialidad, la seguridad, la recolección y tratamiento de excretas y de basura. Es decir, los servicios que por ley deben ofrecer los municipios, los GAD. Podemos hacernos más eficientes en el uso de los recursos humanos y las rentas, tener una buena policía que colabore con la nacional y alentar mejor la cultura en sus distintas expresiones. Reclamar competencias, como para construir el gran puente Sur sobre el Guayas o mejorar las vías y el tránsito.

El desarrollo de estos cantones se debe principalmente al esfuerzo de inversionistas y promotores privados. Y así continuará en el porvenir. Hay extensas zonas que ahora son arrozales, donde los constructores podrán ofrecer sus soluciones. Las autoridades de los cantones que formen la comunidad deberían reunirse para planificar el futuro: Por dónde pasarán las vías, dónde se asentarán los parques, los bosques; lugares donde los jóvenes hagan deportes, las personas se ejerciten y los mayores tengan esparcimiento en lugares tranquilos. Reconocemos que ha faltado planificación. Por ejemplo, la avenida Samborondón no tiene un parque arbolado que permita actividades lúdicas. No he de insistir en que el precioso tiempo que perdemos en los atolladeros de tránsito se hubieran podido aminorar con vías alternas, pero estamos condenados a transitar por una sola para comunicarnos entre los cantones.

En la celebración de los 200 años de nuestra independencia no debería faltar la visión de la unidad y la planificación del futuro común. Sería bueno que los alcaldes de Guayaquil, Durán, Samborondón, Daule y tal vez Yaguachi y Milagro se reúnan para hablar sobre el desarrollo armónico y el futuro de sus pueblos. Y ante discursos insensatos, pensar en la solución del Estado federal, como lo soñaron los Padres de la Patria dirigidos por Olmedo el Grande. ¿Quién toma la iniciativa? (O)

Tomado de diario El Universo

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