Nuestro Buenos Aires

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Walter Spurrier Baquerizo (columnista)

“Ni las Fuerzas Armadas pueden entrar”, dijimos en un artículo de hace un mes al respecto de la actividad minera mafiosa cerca de Buenos Aires, poblado de Urcuquí. Pero resulta que FF.AA. y Policía estaban ultimando detalles de un muy bien ejecutado operativo que desmontó sin derramamiento de sangre dicha actividad controlada por grupos armados y en la que participaban unas quince mil personas, con trabajo en condiciones de esclavitud de nacionales, venezolanos y colombianos.

Ahora hay que asegurar que la minería informal no vuelva a Buenos Aires. Si así se hubiera procedido en Nambija…

Cuando el oro está a flor de tierra, es casi imposible impedir la minería informal. La noticia de hoy es que mineral de una mina en el Perú fronterizo se moviliza al Ecuador y procesa aquí. Sacar oro y venderlo sin pagar impuestos ni utilidades a trabajadores es más rentable que el narcotráfico.

La minería informal atenta contra el orden de la sociedad, destruye el ambiente, y no hay responsables. Se utiliza mercurio para separar el oro de la roca, con lo que contaminan las aguas. Algunos de los que se oponen a la minería industrial desean ser mineros informales.

Otros, en cambio, lo son porque no ven que las comunidades en donde hay actividad petrolera o minera se beneficien de la riqueza que se extrae de sus alrededores. Hoy, que se inicia la producción cuprífera de Mirador, en Zamora Chinchipe, el Estado debe extender su infraestructura social a los poblados aledaños a la mina: escuelas, salubridad, casa de salud, acceso mediante ambulancia a Zamora para casos graves. Se debe fomentar que los pobladores formen empresas para suministrar a las mineras.

Debe propenderse al desarrollo de empresas nacionales que sean proveedoras de la industria minera, sustituyendo (eficientemente) importaciones.

También se oponen los activistas ecológicos, quienes creen que no debe existir minería. Los activistas desempeñan un papel importante en crear consciencia ambiental en la población y las empresas. Ojalá hubiera habido consciencia ambiental hace cincuenta años, en que empezó la actividad petrolera en el Oriente. Pero pretender que la civilización subsista sin petróleo y metales es utópico.

Luego de dos años de ambigüedad, el gobierno da muestras de haberse decidido por la minería industrial. La minería es el único sector en que hoy hay empresas con gran interés de invertir en grande. Es la búsqueda y explotación de un producto bajo tierra, que el Estado vende, y con ese dinero brinda servicios a la población, o paga por lo comprado a crédito. Esa inversión va a crear empleo, la renta minera tornará menos severo el ajuste fiscal.

En pocos meses empezará a producir Fruta del Norte, mina de oro también en el Cóndor. Luego siguen otros en Azuay, que el prefecto se propone detener. Los más grandes, en Imbabura, en las inmediaciones de Buenos Aires, están en etapas preliminares.

La minería no es la solución a nuestros problemas. Lo central es crear condiciones para que el país desarrolle actividades industriales, agroindustriales y de servicios, que creen empleo y traigan divisas. Pero sería un gran aporte, como lo es en Chile y Perú. Sería insensato privarse de esa riqueza. 

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