¡Necesitamos sacudirnos!

 ¡Necesitamos sacudirnos!
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Pablo Lucio Paredes (comentarista)

Tenemos los vicios que acompañan nuestras virtudes. Avanzamos lentamente, paso a paso. Evitamos exigir o polemizar, “no haga lío de gana”. Nos aguantamos, “de gana pelearnos”. Nos molestan las malas prácticas, pero dejamos pasar, como la diaria corrupción que se enquista silenciosa. Felicitamos el éxito, pero lo miramos con malsana envidia. Indisciplinados. El conformismo nos impide superar límites. Pero también somos de los pocos en América que hemos evitado el pozo de la hiperinflación, ni tenido una guerra civil como Colombia, una guerrilla dura como Perú o dictaduras terribles. Ciertamente fruto de alguna capacidad para resolver problemas colectivos… Ahora debemos enfrentar al COVID-19, con nuestros defectos y cualidades, siendo proactivos.

El Gobierno debe asumir un liderazgo realmente serio. Matar querellas internas que en circunstancias normales son ridículas, pero ahora alcanzan gravedad extrema. Dejar de reciclar personajes de un pasado reciente y oscuro. Abandonar poses y fotografías, unas para el recuerdo familiar, otras pensando en las elecciones próximas. Transmitir el mensaje de que las cifras son dramáticas: el hueco fiscal y la merma de liquidez son enormes, y casi todo lo hecho en los últimos quince años agrava esa crisis. A grandes problemas… empezando casa adentro.

El Gobierno se ha convertido en un ogro que engulle recursos colectivos (en sueldos, casi $30 millones diarios) y debe ser sacudido. Mientras el sector privado registra una terrible contracción de empresas, empleos, salarios, ¿cómo es posible que el Gobierno haga ajustes mínimos, e incluso Lenín haya cambiado la reducción de su salario por una donación humanitaria para no afectar la escala salarial estatal? El Gobierno debe achicarse ahora mismo, entre 5 y 6 mil millones, y otra proporción similar en horizonte no lejano. Sería así, más liviano, más productivo, y liberaría recursos para atender la crisis de familias y empresas vulnerables.

Debemos aceptar que somos una sociedad desigual, y esta crisis la vivimos unos mejor que otros (me incluyo, agradezco a la vida). El Gobierno ya descartó el impuesto que había propuesto, frente a presiones políticas y empresariales. Muy mal, sí era momento para arrimar el hombro.

Debemos aceptar que el actual esquema laboral no es bueno ni para trabajadores ni empresas. Inevitablemente lleva a uno y otros a extremos negativos (la empresa despide, el trabajador exige “sus derechos” inamovibles). Se pueden negociar mejores soluciones. Pero algunos grupos políticos también quieren echar abajo esta parte esencial de la nueva ley. Los oscuros intereses y cálculos frente al 2021 también son inaceptables, peor cuando proponen fórmulas milagrosas y altamente peligrosas.

Y en el otro extremo estamos los ciudadanos. Nuestra responsabilidad es clave. Frente al cuidado de salud, sin duda, y más aún en las pequeñas acciones diarias. Quizás la mayor responsabilidad sea exigirnos a nosotros mismos antes de exigir a los demás (peor si es con cierta envidia malsana)… Nuestra manera de ser nos llevará ciertamente a superar la crisis, pero hay que mirar la realidad de frente y sacudirnos (y exigirlo a los gobernantes). (O)

Tomado de diario El Universo

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