Naruhito asume como nuevo emperador de Japón

 Naruhito asume como nuevo emperador de Japón
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Al grito de «¡Banzai!» («Larga vida») y con una ronda de salvas de artillería, el Emperador Naruhito ha subido al trono de Japón este martes, cinco meses después de relevar a su padre, Akihito, por su delicada salud, informa el portal abc.es.

En una ceremonia en el palacio imperial de Tokio que ha revivido el esplendor de la tradición nipona, y a la que han asistido 2.000 invitados de 180 países, Naruhito ha proclamado su ascenso el Trono del Crisantemo. «Juro que actuaré conforme a la Constitución y cumpliré con mi responsabilidad como símbolo del Estado y de la unidad del pueblo», leyó el Emperador desde los seis metros y medio de altura del «Tamamikura» en el Salón del Pino, donde en mayo empezó su reinado al suceder en vida a su padre por su avanzada edad.

El píncipe Naruhito junto a la princesa Masako.

Luciendo un tocado tradicional y una túnica anaranjada exclusiva para los emperadores cuyo diseño data del siglo IX, Naruhito se convierte a sus 59 años en el soberano número 126 de la monarquía nipona, que se enorgullece de ser la más antigua del mundo por su milenaria historia. En el trono adyacente, algo más pequeño, le observaba su esposa, la Emperatriz Masako, también ataviada al modo tradicional con un quimono clásico y el pelo recogido a la antigua usanza. Pero no asistieron los Emperadores Eméritos, Akihito y Masako, que dejaron todo el protagonismo a sus sucesores, según mostraron las imágenes emitidas en directo por la televisión estatal.

Mientras los demás miembros de la Familia Imperial desfilaron lentamente envueltos en ropajes tradicionales para realzar la majestuosidad de la ocasión, los asistentes de la vida política y social vestían frac, la etiqueta habitual de estas ceremonias. De tal guisa, el primer ministro nipón, Shinzo Abe, leyó el «yogoto», las palabras de reconocimiento al Emperador, antes de dedicarle tres «¡Banzai!» inclinándose y extendiendo los brazos al cielo.

«El Ascenso del Emperador en mayo fue cuando heredó el trono, mientras que el propósito ahora es declarar la entronización a todo el mundo. En Japón, desde el siglo VIII, la sucesión del emperador se denomina «senso» y se considera separada de la ceremonia de entronización, llamada «sokuishiki». En la actualidad no se usa la palabra «senso» y las dos se llaman «sokui», explica Ikuyo Matsumoto, profesora de la Universidad de Yokohama especializada en ceremonias reales. A su juicio, «este acto es para que el pueblo japonés comparta y entienda la historia del nuevo emperador que ha accedido al trono».

Nacido el 23 de febrero de 1960, Naruhito estudió en Oxford, igual que su esposa, y es un experto en transportes fluviales. Casado con Masako, una diplomática a la que conoció en una recepción en Tokio a la Infanta Elena en 1986, tiene una hija, la princesa Aiko, de 17 años, que no podrá suceder a su padre porque en Japón rige la ley sálica. Por no poder engendrar un varón que herede al trono, Masako arrastra una larga depresión que la ha mantenido apartada de la vida pública durante mucho tiempo. Aunque en los últimos meses se la ve más animada, sus nuevas obligaciones como Emperatriz pondrán a prueba su recuperación, para la que ya cuenta con el cariño de su pueblo. (I)

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