Movistar Team acusado de ‘favorecer’ a Rogliz ante Carapaz

 Movistar Team acusado de ‘favorecer’ a Rogliz ante Carapaz
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La sombra de Tour volvió a sobrevolar por la cabeza de Primoz Roglic, aquella derrota ante Tadej Pogar en el penúltimo día de carrera. Un ataque de Richard Carapaz lo puso contra las cuerdas en la subida final a La Covatilla, el juez de la carrera, una ascensión que añade la dureza de sus rampas al viento de cara.

Era un cara a cara por el maillot rojo, un duelo directo, sin invitados. Hasta que el Movistar Team decidió decantar el resultado. Marc Soler, descolgado de la fuga, y Enric Mas arroparon a Roglic lo suficiente para darle un respiro y, posiblemente, la Vuelta. Al esloveno le sobraron finalmente 24 segundos y se coronará este domingo en Madrid por segundo año consecutivo. Un buen desquite del Tour. A pesar del susto, señala eluniverso.com.

El Movistar tenía cuentas pendientes con Carapaz. Hace un año, el ecuatoriano se accidentó en un critérium, días antes de la Vuelta, que había corrido sin informar a su equipo. Llegó a viajar a Alicante, pero no tomó la salida. A esas alturas, las relaciones con su representante, Giuseppe Acquadro, eran insostenibles. El mismo Carapaz había firmado por el Ineos sin valorar la oferta del Movistar. Y de la formación fueron saliendo todos sus corredores: Nairo Quintana y Andrey Amador. Si esto ha influido o no en la resolución de la Vuelta, nunca se sabrá del todo. Pero el ciclismo es un deporte que siempre cobra sus deudas.

Carapaz había arrancado a cuatro kilómetros de la meta, después de dos amagos de Hugh Carthy, que también se jugaba la Vuelta. El ecuatoriano había tomado la salida de Sequeros a 45 segundos del maillot rojo. Carthy, a 53. El título estaba en menos de un minuto. Y Carapaz lo llegó a divisar a una quincena de segundos. Roglic se quedó pronto solo, Sepp Kuss no era el soporte de otras ocasiones. Y tuvo que responder en persona. Primero se encontró con la ayuda de un compañero, Lennard Hofstede, superviviente de la numerosa escapada del día. Le hizo unos metros, no muchos. Suficientes para que su jefe respirara. Luego vino el cable de Marc Soler y Enric Mas, con la excusa de que el balear podía acceder a la cuarta plaza, una vez descolgado Dan Martin. Un premio menor. Más pequeño que una revancha.

La Covatilla era la última oportunidad. Y no solo para ganar la Vuelta. El ciclismo pondrá hoy el cierre a esta atípica temporada con un previsible sprint, así que este sábado era el día para gastar toda la munición. Por eso no es de extrañar que la escapada fuera tan numerosa, con 34 ciclistas de 17 equipos, entre ellos ilustres favoritos como Ion Iagirre, Guillaume Martin, David Gaudu, De la Cruz y Ion Izagirre. Era una fuga por la etapa, principalmente, aunque alguna escuadra también había por allí alguna pieza táctica. El Movistar, que metió delante a Arcas, Oliveira y Erviti, era uno de ellos. También el Jumbo, como se comprobó después con Hofstede.

El Movistar tensó la carrera a falta de 61 kilómetros. Y tuvo un efecto inmediato, porque el pelotón se cortó en uno de esos repechones que no figuran en el libro de ruta. Una avería de Michael Woods pudo ser la causa. El caso es que el Ineos se quedó cortado en el segundo grupo con su líder, Richard Carapaz, que tuvo que hacer un esfuerzo para enlazar otra vez con el resto. Un buen susto para el ecuatoriano, en ese momento todavía candidato a ganar la Vuelta.

Imanol Erviti, que le hizo el resto del terreno hasta integrarle en el grupo de la fuga a la altura de Candelario, a 19 kilómetros. No fue el mejor momento para llegar a la escapada, la verdad, porque el bonito pueblo salmantino escondía una trampa, un empedrado, donde atacaron Ion Izagirre, un curtido veterano, junto a dos jóvenes, Mäder y Donovan, mientras Soler recuperaba el resuello.

Atrás se mantenía también, más tapadito, David Gaudu, el ganador de La Farrapona, que dejó el gasto de la escapada y de la persecución a Bruno Armirail. Su trabajo fue clave para que Gaudu, notable escalador, mantuviera las piernas para afrontar la ascensión final. Izagirre llegó a ser cabeza de carrera con un ataque a 5,5 kilómetros, pero la pedalada fresca del francés remontó hasta irse en solitario hacia su segunda victoria. Una bonita guinda a una Vuelta 2020 que este domingo se corona en Madrid, lo que en estos tiempos de pandemia ya es un triunfo en sí mismo. La Vuelta también es el vencedor de la Vuelta. (D)

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Paúl Herrera

Paúl Herrera

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