Misión cumplida

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Walter Spurrier Baquerizo

Las autoridades delinearon una muy buena estrategia para tornar llevadero el peso de la deuda externa, en un contexto de colapso de los ingresos fiscales. Esta semana que culmina se dieron las jugadas decisivas: el Fondo Monetario acordó apoyar el programa económico con un crédito de $6500 millones, de los que $4000 millones se desembolsarán este año, y la abrumadora mayoría de los tenedores de bonos aceptaron la propuesta ecuatoriana de restructuración, que pospone la amortización de la deuda al 2026 en adelante.

Hubo momentos difíciles, pero Finanzas se atuvo a su plan. Durante lo más crítico de la pandemia, cuando el Gran Guayaquil era el conglomerado bajo el más fuerte ataque del COVID-19 en todo el mundo y se necesitaban fondos para atender la emergencia médica, el Ecuador pagó el remanente de capital e intereses de los bonos 2020. Que no debió pagar, se dijo. Martínez defendió lo actuado diciendo que no entrar en moratoria significaría el desembolso de multilaterales. Lo que se dio pero no de manera inmediata. La muestra de buena voluntad tuvo su recompensa en que la mayoría de los bonistas aceptaron la propuesta de restructuración de la deuda. Desde un principio, Ecuador hizo su mejor oferta, en contraste con lo convencional, como procedió Argentina, de presentar una oferta dura, que es rechazada, y luego mejorarla de a poco para conseguir el mejor acuerdo posible. El Ecuador estaba urgido por la falta absoluta de dinero para atender el rol de pagos burocrático, y no podía darse el lujo de demorar la negociación.

Y ahí vino el segundo escollo, cuando un grupo minoritario de bonistas amenazó con bloquear la negociación si Ecuador no mejoraba las condiciones. El Gobierno no cedió, se arriesgó al rechazo, y logró la aceptación del número crítico de bonistas para que la renegociación gane vigencia.

La propuesta del Ecuador se enmarcó dentro de los lineamientos del FMI, que quería asegurarse de que el peso de la deuda esté repartido de tal manera que no fuese excesivo en ningún momento. Así se hizo: el consentimiento del Fondo era importante porque su apoyo financiero es indispensable para que Ecuador pueda cumplir con el pago de la deuda restructurada. Por lo que el acuerdo de Ecuador con los bonistas obligaba al Fondo a prestarle al Ecuador. Lo que correspondía era un crédito de $800 millones. Pero las excelentes relaciones del presidente Moreno con el presidente Trump y el acierto de nombrar a Yvonne Baki a Washington rindieron fruto, cuando la Casa Blanca públicamente presionó al Fondo para que le extendiera al Ecuador un apoyo financiero adecuado para capear la crisis de la pandemia.

Se ha ganado una batalla crucial, pero queda mucho que hacer por delante. El hueco fiscal tiene que reducirse, cortando gastos, no habrá un rescate similar el próximo año. Debe proseguirse con las reformas legales: el Gobierno desaprovechó la oportunidad de mandar leyes de urgencia económica por partida doble durante la emergencia. Quizá se piensa que no hay clima propicio en una Asamblea en que tantos asambleístas están siendo investigados por corrupción. Pero debe intentarlo. Los más urgentes son la reforma financiera, para quitar al Banco Central de la tutela del ministro de Finanzas, y las del mercado de valores. Manos a la obra. (O)

Tomado de diario El Universo

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