La novela CPCCS

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Albero Dahik Garzozi (columnista)

Pocas instituciones pueden representar en mejor forma la insensatez del modelo heredado, como el Consejo de Participación ciudadana y control social (CPCCS).

Lo preside un sacerdote, quien ha decidido que más importante que transformar el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Dios, más importante que dirigir almas y llevarlas hacia el amor, la bondad y la virtud, es tomar un cargo público temporal, que lo inhabilita en su ministerio sacerdotal. Pero no solamente eso, entregó al CNE información falsa sobre su vida, sobre sus títulos, sobre su formación académica. En otras palabras, una hoja de vida falsa.

Comencemos por ahí: eso también lo hizo la excanciller del Ecuador, quien con especial cinismo presentó a la ONU una hoja de vida diferente de la que mostraba en el Ecuador. Eso también lo hizo la exvicepresidenta del Ecuador, quien además tomó el salario de sus colaboradores. Eso lo hizo también el primo del expresidente quien dijo tener un título que no tenía para acceder a importantes cargos en el frente económico. Por lo tanto, entre las herencias de la destrucción moral del país, ocurrida como consecuencia del modelo de la FaRC (familia revolución ciudadana) está el haber elevado a la categoría de norma moral aceptable la mentira, el engaño, el cinismo, el fraude, entre otras pésimas prácticas en el quehacer público. En esa ética es aceptable el poder decir cualquier cosa, y falsificar cualquier documento, con tal de conseguir el cargo público ansiado.

Para la FaRC es un honor que una ecuatoriana haya presidido la Asamblea de las NN.UU. Para los mortales que creemos que todavía la moral importa, es una vergüenza que el Ecuador haya presentado como candidata a quien así manipuló y mintió sobre su hoja de vida.

Pero más allá de la constante sobre falsificar información, está el drama del CPCCS como ente generador de conflicto, de angustia, en la sociedad ecuatoriana.

Implantado artificialmente, como muchas otras instituciones que devienen de Montecristi, el CPCCS está comprobando más que nunca a la sociedad ecuatoriana su naturaleza cancerígena y, por lo tanto, la indispensable urgente necesidad de proceder con su extirpación.

¿Qué aportó el CPCCS en el pasado? ¿Qué cumplió en función de control social, de darle a la gente el poder que pretendía?

Sometido, como todo poder, función, institución del Estado, a la tiranía de la FaRC, el CPCCS solo fue un conjunto de sueldos innecesarios, más gasto público innecesario, para afirmar un régimen y un sistema de gobierno diseñado para perpetuarse en la forma de un solo partido.

Y es que en Montecristi no se “refundó a la patria” como tanto alardearon los destructores del Ecuador, sino que se refundió a la patria, y se la refundió en el estricto sentido del término.

Fundir, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua, tiene muchos significados: Derretir y licuar los metales y otros cuerpos sólidos (derritieron y licuaron nuestras RMI del BCE); Estropear un aparato (estropearon el aparato estatal y el aparato productivo); Reducir a una sola dos o más cosas diferentes (redujeron a una sola cosa todas las funciones y poderes del Estado); Gastar, despilfarrar (gastaron y despilfarraron todos los recursos imaginables). Pero, además, dice el diccionario, que aunque en desuso, fundir significaba también, abrumar, oprimir, abatir, confundir, destruir, arruinar. Dice también que en el lenguaje coloquial de Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Perú, la República Dominicana y Venezuela significa arruinarse, hundirse. Y que en Cuba y en el Ecuador dicho de una persona: alterársele las facultades. (Todo lo anterior aplica como anillo al dedo a la conducta y consecuencias del accionar de la FaRC).

¿Han visto estimados lectores, un término más adecuado para describir lo que la Constitución de Montecristi ha significado para el Ecuador? Refundir, porque se fundió al Ecuador, y la Constitución lo sigue fundiendo. Por lo tanto una sola palabra, pero fundamental: No refundaron, refundieron al Ecuador.

Los episodios del CPCCS muestran entonces dos caras de una pésima moneda: La una, esa desvergüenza generalizada, ese cinismo elevado a virtud en el ejercicio de la función pública que quedó institucionalizada por la FaRC. Lo segundo, la refundición del Ecuador que proviene de esa perversa constitución.

Lo más importante ahora es cómo deshacerse de ella, pues el Ecuador de hoy es similar a un caminante, al cual le han puesto una pesada mochila, llena de cosas raras, que se enredan entre ellas mientras camina. El caminante para, se quita la mochila, reacomoda por un ratito las cosas y trata de volver a caminar. Al rato, las cosas que tiene la mochila se vuelven a desubicar, el peso vuelve a hacerse insufrible, y tiene que nuevamente parar, para ver cómo acomoda la mochila, cuando lo que tiene que hacer es echarla, para poder avanzar.

Mientras no entendamos que quienes nos gobernaron no creían en el Ecuador, sino en una agenda de odio, que nada tiene que ver con nuestra historia, y que por lo tanto no hay que reacomodar la mochila, sino echarla, no podremos caminar y seguir adelante. 

Tomado de Diario El Universo

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