La juventud, confinada

 La juventud, confinada
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Walter Spurrier Baquerizo (columnista)

La pandemia se ensaña con los adultos mayores. En cambio, la lucha contra la pandemia, con cuarentena y distanciamiento social, golpea particularmente a los jóvenes.

El covid-19 puede dejar afectaciones físicas permanentes a los sobrevivientes; la lucha contra la pandemia, una profunda herida en la psiquis de los jóvenes. El colegio es un eslabón importante en el ingreso de un jovencito a la sociedad. Interactúa con sus compañeros que inicialmente eran extraños; arma una red de interacciones sociales de amigos, rivales, bravucones, compañeros de equipos deportivos. La educación virtual, independientemente de su calidad, priva al joven de esta tan necesaria fase de socialización.

En la universidad, los jóvenes amplían su mundo. Tan importante como el conocimiento, es la interrelación con personas de distinto estrato social, etnias, intereses, actitudes políticas, estudiantes extranjeros: el mercado de ideas. Es la inducción del futuro profesional en el mundo. Eso, se pierde con la universidad virtual.

Al cumplir la mayoría de edad, los jóvenes requieren socializar, con una urgencia que ya no la tienen los de edad mediana. Es indispensable la reunión con los amigos, las fiestas y oportunidades de tener romances, indispensable para llegar un día a hacer pareja. Esa etapa de la vida es corta, y se pretende que los jóvenes se priven de gozarla.

Las cuarentenas tienen en coma a la economía, y se generalizan los despidos. Los jóvenes que entran al mercado laboral no encuentran empleo. Quienes no se ubican bien en el mundo del trabajo en sus veintipico, no logran recuperarse y durante su vida laboral tienen menores ingresos que los que se insertan pronto, sentencia Carmen Reinhart, economista jefe del Banco Mundial.

Cierto es, hay que combatir el virus, se requieren cuarentenas y distanciamiento social, pero bajo la óptica de limitarlo a lo estrictamente necesario. Hay que evitar el desbordamiento en los hospitales, que llevan a la muerte por falta de atención. Pero no se trata de matar a la economía y la interacción social para impedir más infectados.

En reciente ensayo, el filósofo francés Bernard-Henry Levy censura “el falso debate entre la vida y la economía. Ese debate implica que la economía es la muerte. Y esta implicación es monstruosa”.

En el mejor de los casos, recién dentro de un año tendremos en el país una vacuna en dosis suficientes para alcanzar una inmunidad social. Alguna autoridad municipal del país ya anunció el mantenimiento indefinido de medidas draconianas de restricción del intercambio social, a pesar que las estadísticas demuestran que no hay un repunte de la mortandad.

La socialización es intrínseca a la civilización, y crítica en la formación de los jóvenes. No puede pretenderse limitarla más allá de lo estrictamente imprescindible.

Tomado de diario El Comercio ec.

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