La diplomacia de la vacuna

 La diplomacia de la vacuna
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Por: Francisco Carrión Mena

Tal como en 1971 la famosa diplomacia del ping pong -por la que equipos de EE.UU. de ese deporte compitieron con sus rivales chinos en momentos en que la vinculación entre los dos países se encontraba congelada- permitió que se abrieran las puertas para la normalización de sus relaciones, en estos meses la diplomacia de la vacuna contra el covid-19 está facilitando la profundización de la presencia china en América Latina.

La carrera desatada en el mundo por crear la vacuna más rápida y efectiva ha llevado a una competencia sorprendente en la comunidad global. Obviamente los principales protagonistas en esa carrera han sido las grandes potencias de Occidente con capacidad científica y económica, junto con China y Rusia. Daría la impresión de que recursos financieros para la adquisición de las vacunas no faltan en la medida en que las reservas de los propios países y el apoyo de los bancos multilaterales están siendo puestos a disposición de los necesitados.

Como era previsible, EE.UU. ha llevado la delantera a pesar de los crasos errores de la administración Trump y su negacionismo, y de que la producción viene de laboratorios privados que tienen sus propios intereses y no necesariamente los de la población mundial. Empresas como Pfizer, Moderna, Johnson & Johnson, entraron en la búsqueda de la vacuna con su potencial científico y tecnológico. Lo lograron, pero el retraso en manejo de la política federal hizo que esos esfuerzos no puedan exportarse con suficiencia. China y Rusia, por el contrario, con su investigación y producción en manos del Estado parecería que fueron más ágiles. Su capacidad de producción y de distribución estuvo menos motivada por la rentabilidad y el beneficio económico que probablemente el político.

América Latina, por tradición vinculada a los EE.UU., miró inicialmente al norte para obtener el apoyo para enfrentar la pandemia. Lo consiguió muy limitadamente por diversas razones: su gobierno no le dio importancia al fenómeno cuya dimensión no alcanzó a evaluar y retrasó la atención a sus propios ciudadanos que han sobrepasado a el medio millón de muertos. Este hecho le llevó a demandar en otros proveedores que no eran usuales como Rusia y China que si podían atender sus requerimientos.

Brasil, Argentina, Chile, Perú, Bolivia y ahora Ecuador, han acudido a los fabricantes chinos Sinovac y Sinopharm para adquirir la vacuna. El llamado ‘soft power’ del gigante asiático se hace presente en nuestra región antes que el natural proveedor, los EE.UU. Que no se diga que es una negociación política o ideológica porque Chile y Brasil, por ejemplo, están en las antípodas de Beijing.

China va copando espacios que EE.UU. deja en América Latina y, en este caso, en una materia altamente sensible como la salud.

Tomado de diario El Comercio ec.

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