Iza, Correa y Lasso

 Iza, Correa y Lasso
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Por: Farith Simon

La sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que responsabilizó internacionalmente al Ecuador por el proceso judicial y las sanciones en contra de El Universo y Emilio Palacio, en el régimen de Rafael Correa; el “proceso de justicia indígena” de la Conaie en contra de los asambleístas de Pachakutik; y, las declaraciones del presidente Guillermo Lasso sobre Leonidas Iza, acusándole de ser anarquista y advirtiendo que terminará “con sus huesos en la cárcel”, tienen algo en común: ser ejemplos de distintos niveles de irrespeto a los derechos, a la democracia y al pluralismo.

El señor Correa desprecia profundamente toda forma de pensamiento y opinión que contraríe sus ideas. Con el escrito que presentó a la Corte Interamericana por el caso contra El Universo y con las declaraciones posteriores a la sentencia, no deja en duda que su mirada sobre los medios y la libertad de expresión no han cambiado en nada; que la explicación -incluso pedagógica- de la Corte Interamericana sobre el porqué las actuaciones del Estado son violatorias de los derechos, le parecen irrelevantes; no da señal de comprender los abusos cometidos o de cambiar su lógica autoritaria y poco respetuosa de los derechos. Confirma que lo único que le importa es que le den la razón y por eso se entusiasmó con el voto salvado de Zaffaroni, quien opina desde la política y no desde el derecho.

El señor Iza, por su parte, firmó lo que debe ser el ejemplo más elaborado de desfiguración de la justicia indígena y una pieza de museo sobre arrogación de funciones jurisdiccionales. Una organización de carácter político de tercer nivel, que aglutina la representación de distintos pueblos, comunidades y nacionalidades indígenas, no tiene competencia alguna para aplicar justicia indígena; no importa cuantas referencias hagan a la Constitución y al Convenio 169 de la OIT, lo que existe no es un conflicto interno en una comunidad, sino temas políticos para los que existen normas específicas; las reglas que se quieren aplicar no califican para derecho consuetudinario, derecho ancestral o derecho propio de un pueblo o nacionalidad indígena; y, no existe competencia territorial. Sostener lo contrario sería transformar a una organización política, la Conaie, en un Estado paralelo, con poder para emitir normas y juzgar a cualquiera en nombre de un poder que no tienen. Al señor Iza y a sus asesores les haría bien leer con atención la Constitución, los tratados internacionales de derechos humanos y la jurisprudencia nacional e internacional sobre la materia.

Que Guillermo Lasso, presidente de la República, califique a un opositor político como “anarquista” y que desde su posición amenace con “poner sus huesos en la cárcel”, es revivir las prácticas del correísmo; estigmatizar y asumir que desde el Ejecutivo se puede “juzgar y sancionar” a quien no piensa igual, es muy peligroso. Ser opositor no convierte a una persona en delincuente; son sus acciones, cuando estas configuran un delito, las que se persiguen. Lasso, con esas declaraciones, se puso a nivel de Iza y de Correa.

Tomado de diario El Comercio ec.

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