Guayaquil solidario

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Nelsa Curbelo Cora (columnista)

No siempre está en las noticias, pero en este Guayaquil tan criticado, vapuleado, muchas veces incomprendido, se han manifestado múltiples grupos de ayuda, de todas las clases sociales, y con enorme entrega personal. Se suben en camionetas, buscan, traen, llevan, desde la Red de Apoyo Social de Guayaquil, el Municipio, la Gobernación, Karla y su increíble grupo, SOS Familias, las Cámaras, supermercados, empresas, las iglesias, los bancos de alimentos, las redes de padres de familia de algunos colegios, los médicos, mediadores y psicólogos online, vecinos de diferentes barrios, hasta la ayuda solidaria entre amigos, conocidos, familiares.

Alimentos, medicinas, material de aseo, acompañamiento virtual en trámites bancarios, ayuda logística para lograr atención a enfermos y decesos, intercambio de recetas, ayuda para transporte, lavado de calles, llevar el tanque de gas a los adultos mayores que no tienen fuerza para entrarlo, hasta el que envía el único sillón del que dispone a una persona enferma que lo necesita para permanecer sentado y respirar mejor. Y los kits de comida, tan esperados porque necesarios, se convierten en una fiesta que debe durar con magia una semana. Todo circula y crea un contagio de solidaridad que es tan o más fuerte que la pandemia. Todo suma. Eso es también Guayaquil y los guayaquileños.

Están los que trabajan para que no haya violencia intrafamiliar, prevenir abusos y sostener el equilibrio emocional en un tiempo de miedo y ansiedad. Están los que por teléfono cuentan cuentos a los niños, para que las mamás tengan un respiro, y los que organizan juegos de cuarenta y de rummy entre amigos.

Y aparecen tareas pendientes, para ahora y para después…

El encierro ha puesto el acento en las relaciones más cercanas, aquellos con quienes compartimos el día a día, familiares y amigos, pero también del barrio, del edificio de departamentos, los desconocidos del ascensor. Y se dan trueques: pañales para niños por pollo; sal y paracetamol por comida para perros y jabón de lavar… Es increíble cómo circulan los productos. Yo tengo, yo necesito… buscan un lugar donde dejar y cada uno deja y recoge. Muy distante de los robos en los hospitales…

Lograr formar una red conectada, operativa, en los ámbitos en que cada uno se desenvuelve, ayudaría a crear ciudadanía. Elegir una zona como laboratorio de convivencia. Que los participantes puedan comunicarse por diferentes chats según el tema específico que los reúne: salud, trabajo, educación como ejes básicos.

Requiere buena conexión a internet y que todas las casas dispongan de algún aparato tecnológico.

El administrador del grupo debería realizar una primera capacitación básica para los chats, cómo transmitir un mensaje, una idea, una pregunta, una propuesta, que tenga que ver con lo que trata el chat, nada más, nada menos, corto, conciso, concreto. Prohibidas opiniones religiosas y/o políticas. Son las que más dividen. A menos que el chat se cree para esos temas específicos.

Los adultos mayores están entre la población más vulnerable, pero también la más estable. Permanecen en las casas. A ellos quizás en los sectores populares hay que enseñarles a manejar tecnología, desafío para los emprendedores vinculados a esas áreas. Y que cuenten la historia del sector, de las familias que vinieron primero, sería una forma diferente de celebrar el bicentenario en época de pandemia. Y después de la malhadada tanda de reproches y reprimendas que hemos recibido, recuperar el orgullo de vivir donde vivimos, ser lo que somos y ponernos de pie como lo hacemos.(O)

Tomado de diario El Universo

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