Exceso de derechos

 Exceso de derechos
Digiqole ad

Por: Farith Simon

La crisis carcelaria se ha convertido, por su gravedad y complejidad, en una suerte de test, tanto para el gobierno, como para la oposición, las instituciones, la noción de garantismo, la protección de los derechos humanos y nuestro propio sentido de humanidad.

Lo que vivimos es el resultado de causas claramente identificables. Varios elementos se conjugaron. Todo empezó con una -mala- idea que tenía todas las condiciones para el fracaso: el modelo de mega cárceles del correísmo, que implicaba una suerte de economía a escala. Grandes centros, concentración de recursos y la necesidad de altos presupuestos para mantenerlos funcionando y bajo control.

Al mismo tiempo crecía, gracias a la desidia estatal, una delincuencia organizada vinculada a los grandes cárteles de la droga, capaz de reclutar a miles (mano de obra barata), en un entorno de pobreza y falta de oportunidades. Mucho dinero circulando, capaz de torcer conciencias, enceguecer o motivar a mirar a otro lado.

Fiscales cediendo a la presión social, pidiendo cárcel para casi todos los procesados, sin alternativas y con temor a ser cuestionados; los jueces aceptando esos pedidos, no cumpliendo su rol de asegurar caso a caso que la prisión preventiva sea excepcional.

A esto se suma la crisis económica, resultado de una mezcla de despilfarro y corrupción, agravada por la incompetencia y la pandemia; y un Estado debilitado frente a la delincuencia organizada, con una fuerza pública atrapada por un desprestigio acumulado por sus errores y abusos. Ingrediente final: una acción política caníbal, sin acuerdos mínimos, con una acción destinada al todo o nada, a la destrucción del otro, sin mirada de futuro. Sin embargo, para algunos despistados todo es culpa de los derechos y las garantías.

Derechos y garantías son una protección para el más débil. La desprotección de los ciudadanos frente al Estado hace necesario limitar el poder de éste y frenar los abusos. Una persona acusada por un delito y bajo custodia estatal, quien está detenido bajo control del Estado, es el más débil; las garantías se ponen de su lado, para evitar excesos mientras está siendo juzgado y, eventualmente, sancionado.

¿Qué sucede entre un asaltante y su víctima? La relación de poder cambia, la víctima del delito es la vulnerable y, en este caso, todo el poder, los medios de protección, deben estar de su lado. Lo mismo sucede con las personas detenidas; pero, ¿qué pasa cuando algunos de ellos toman el poder y amenazan con violencia a otros detenidos y a los agentes estatales?

La delincuencia organizada es una amenaza para todos, incluso para el propio Estado; estas organizaciones se alimentan de la pobreza, la exclusión, la corrupción y la desidia, y actúan como una suerte de ejército interno; son un riesgo absoluto, total, que requiere toda la energía y contundencia para enfrentarla. No es un problema de derechos; cuando el Estado es abusivo u omiso, nos pone a todos en situación de vulnerabilidad.

Tomado de diario El Comercio ec.

Digiqole ad
Avatar

Columnista

Artículos relacionados