Dialogar y polemizar

 Dialogar y polemizar
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Pablo Lucio Paredes (columnista)

En la Universidad San Francisco de Quito organizamos una conversación con representantes de trabajadores, indígenas, Asamblea, Gobierno, empresarios. Un pequeño grano de arena en lo que creemos es el gran desafío nacional: encontrar espacios para dialogar y polemizar, es decir, oír a los demás y estar dispuesto a ir más allá de la posición de cada uno. Todo lo contrario de nuestra tendencia natural que es encerrarnos en nuestra esquina y desde allí etiquetar negativamente a los demás. Decir No a todo lo que no está en nuestra agenda. Algún momento hay también que decir Sí.

Los tristes acontecimientos de octubre han empeorado este entorno, porque han radicalizado posiciones. Algunos se sienten más envalentonados para decir No, eso les fortalece internamente en sus organizaciones y quizás para las elecciones del 2021. Y el Gobierno ha perdido fuerza política para empujar posiciones sólidas pero sensatas… es obvio que fue un movimiento muy penoso el envío de un “ladillo” de más de 400 artículos al Congreso y peor aún la eventual oculta intención de que pasara por el Ministerio de la Ley.

Hay que encontrar posiciones sensatas en temas muy diversos.

Uno. Los grupos sociales de más ingresos (personas o empresas) deben aceptar un mayor aporte impositivo, por un lado porque el fisco necesita recursos y, por otro lado, porque la sociedad los “reclama”, la desigualdad es un tema importante en el imaginario colectivo.

Dos. El Gobierno y otros deben aceptar una drástica reducción del gasto público improductivo que es enorme. El pretexto de que el 80 % del gasto se va a profesores, médicos y seguridad es falso. Igual que la errada explicación económica de que “eso afecta a la economía y al empleo”. El no hacerlo afecta aún más a la economía y a más personas.

Tres. La reforma laboral debe ser aceptada por los movimientos sindicales. Hay factores de sentido común que impiden la creación de empleos, desde los elevados costos de contratación y despido hasta la inflexibilidad de horarios y procesos. No se trata de mencionar la “precarización” para favorecer el inmovilismo.

Cuatro. La población debe aceptar que el subsidio a los combustibles es nefasto. Ciertamente hay que focalizarlo (ejemplo, transporte público), pero es inaceptable quemar más de 1000 millones de dólares anuales.

Cinco. Petróleo y minería. Los movimientos indígenas no pueden frenar desarrollos importantes. Todos debemos pensar en el medioambiente y en los pueblos amazónicos, pero hay tecnologías modernas que permiten un desarrollo sensato (no perfecto, por supuesto).

Seis. Los ideólogos de izquierda deben entender que una reforma a fondo del sistema de jubilación es clave y debe incluir la posibilidad de ahorros individuales (es inaceptable que se ponga al caso de Chile como contraejemplo, ese sistema sí funciona, más allá de posibles mejoras).

Siete. Entender que la generación de riqueza (producción, empleo) es la mejor política social. Caer en la trampa de la redistribución como el eje de la economía es un grave error. Por supuesto, la mejora de oportunidades en educación, salud y jubilación es esencial, pero eso solo se financia con más riqueza.

Y hay más…

Ampliar la cancha es nuestro principal desafío. (O)

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