Decisión trascendente

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Walter Spurrier Baquerizo (columnista)

Después de décadas de subsidio, los combustibles de transporte pasan a tener precios de mercado. Una importante medida de racionalidad en los recursos públicos.

El déficit fiscal se ha vuelto inmanejable. Ya no podemos patear la pelota para adelante. Hay que mejorar la situación fiscal en $5 mil millones. El Gobierno tiene un plan trianual para lograrlo. El alza del precio de los combustibles era lo último que querían las autoridades, pero a la postre, a pesar de la oposición de transportistas y otros sectores, resultó lo más fácil.

Las otras dos herramientas para mejorar la situación fiscal son el alza del IVA (se contemplaba al 15%) y el recorte de la burocracia. Pero en la Asamblea no había votos para el alza del IVA. Tanto CREO como PSC se oponen, y con razón. Mejor es el alza de combustibles y recorte del gasto público.

Los transportistas tienen un buen punto. En una economía en que el Estado interviene distorsionándola, se corrige una distorsión que los favorece, y no las que los perjudican. El Gobierno, cuyas finanzas mejoran sustancialmente, podría bajar a 0 el arancel para camiones, partes y piezas. Eso reduciría drásticamente el endeudamiento para adquirir un camión, así como el costo de mantenimiento. En mi criterio este beneficio compensa con creces el costo del aumento del diésel: el transportista puede pasar el mayor costo en combustibles al cliente subiendo el flete. Desconozco si autoridades y transportistas han hablado sobre este tema.

Más peliagudo es el mayor costo de transporte urbano. No sería posible a los buseros absorber el mayor costo. O sube la tarifa, o se subsidia.

Con combustibles a precios internacionales, la siguiente tarea sería que la calidad sea también internacional. Porque la gasolina y el diésel no cumplen ni con las normas nacionales. Ya no hay pretexto para que nos vendan combustibles de mala calidad.

Para mejorar la calidad de la gasolina, sustituyendo importaciones, puede ampliarse el programa del etanol. Pero los cañicultores tienen que aceptar un precio que torne atractivo el etanol.

Adicionalmente, para abaratar los costos, podría importarse metanol en lugar de nafta de alto octanaje: el metanol es a base de gas metano, del cual hay excedentes mundiales y el precio es bajo.

Etanol y metanol pueden coexistir en la gasolina. El beneficiado sería el consumidor.

Tercera etapa: Eliminar las trabas y facilitar que empresas nacionales importen combustible para servir al tráfico internacional. Hoy se grava con IVA al combustible importado, a pesar de que no se vende en el mercado interno.

Cuarta etapa: devolver al sector privado la comercialización de combustibles en el mercado interno. Cierre de la división de comercialización interna de Petroecuador.

En una quinta etapa habrá que afrontar el subsidio al gas. Ningún precio permanece sin cambios por veinte años. No solo se subsidia el gas, sino también su transporte.

Con el aumento del número de beneficiados de un bono, anunciado por el presidente, sube al 30% el porcentaje de familias ecuatorianas beneficiadas. Basta darles un cupón mensual para retirar un cilindro gratis, y ya estaría focalizado el subsidio.

Y con eso, punto final al mal manejo de los combustibles del último medio siglo.(O)

Tomado de diario El Universo

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