Curas que son caricaturas

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Alfonso Oramas Gross (columnista)

La orden de los dominicos, fundada por Domingo de Guzmán, forma parte importante de la historia de la Iglesia con más de 130 santos, varios de ellos doctores de la Iglesia, 4 papas, 75 cardenales y cientos de arzobispos y obispos, lo que demuestra que ha sido uno de los movimientos espirituales de mayor trascendencia en la historia del cristianismo, reconociéndose un especial “ardor innovador” por parte de varios sacerdotes de la orden, entre los que se destacan principalmente san Alberto Magno, santo Tomás de Aquino y san Vicente Ferrer.

Los dominicos, también denominados la Orden de Predicadores, tiene como misión esencial “la predicación de la Buena Nueva, que brota de una vía de contemplación, estudio y comunidad”, debiendo añadir que el lema de los dominicos es “Véritas”, el cual establece la necesidad de vivir la espiritualidad de la verdad y no de la mentira, para lo cual se recomienda “no sembrar la mentira en nuestro entorno comunitario”. Revisaba un interesante ensayo escrito por un fraile dominico en el cual a la par que alaba el sentido de la verdad como mensaje de vida, incorpora los riesgos de la mentira, de forma especial cuando es interpretada por un cura dominico, a tal punto que llega a considerar que si alguien de la congregación se aleja de la búsqueda de la verdad y busca otros fines, es “que está mintiendo y pagará un alto precio”.

Naturalmente, no es culpa de la Orden que su búsqueda de la verdad se vea alterada por la confusión y mentira en la que pueden caer algunos de sus miembros, especialmente de aquellos que revelan “iluminaciones” y “diálogos” con el Señor, tratando de imaginar de forma adefesiosa encuentros y situaciones con fines muy terrenales. Debe entenderse que si un cura menciona que ha sido “iluminado” recibiendo una orden directa de Dios, deberíamos estar ante la presencia de un hecho trascendente en la espiritualidad no solo del cura receptor del mensaje divino, sino también en la comunidad católica creyente en tales manifestaciones religiosas; pero cuando el relato forma parte de una mera fantasía, la “Vérita” defendida con ardor por los dominicos se transforma en un simple ritual de esoterismo político motivado por la superstición y la ignorancia.

Con esos antecedentes, es muy probable que cualquier cura dominico que se distancie de la verdad para coquetear con la mentira, llegue a tener alteraciones internas que le causen daños psicológicos por causa de sus propias aficiones y debilidades, no por factores externos, juicios de valor, suposiciones o acusaciones. No necesitamos ayuda del Señor para entender que hay curas que no son más que simples caricaturas.

Tomado de Diario El Universo

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