Asamblea en estado líquido

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Por: Lolo Echeverría

Los políticos que integran la actual Asamblea Nacional se diría que son partidarios de Zygmunt Bauman, celebridad de la sociología que caracterizó la modernidad como enemiga de lo sólido, lo estable, lo fijo; la sociedad actual, decía, es líquida, no cree que haya algo permanente y estable, es más, no le gusta, prefiere lo provisional, lo flexible, no quiere aferrarse a nada porque espera, con los cambios, nuevas oportunidades. La mayoría conformada en nuestra Asamblea para designar autoridades no duró mucho, los bloques se hacen y se deshacen.

La primera mayoría con Unes y el PSC se anunció, pero no llegó a concretarse porque se fue CREO, como líquido, por las rendijas del miedo a la opinión pública. La segunda mayoría, con Pachakutik, acaba de deshacerse porque tenía una rendija por la que Unes absorbió un voto líquido, el de Mireya Pazmiño. El PSC tenía también un voto líquido, el de César Rohón, que puede licuar a su partido. Hay otros votos a la espera de mejores oportunidades. Nada es sólido en la Asamblea.

El bloque de CREO, que era el sexto, con sus aliados y arrimados, ya es el segundo bloque más numeroso de la Asamblea porque el poder es capaz de licuar a los más sólidos. El bloque de Pachakutik está probando que no era tan sólido como parecía. La presidenta de la Asamblea ha hecho dos aclaraciones muy inquietantes: que Pachakutik es una cosa y la Conaie es otra, pues sólo ocho asambleístas del partido pertenecen a la Conaie y que Pachakutik puede dar gobernabilidad en la Asamblea mientras la Conaie protesta en las calles. ¿Navegarán a dos aguas?

El mundo líquido de la Asamblea vuelve a plantear un viejo dilema entre disciplina partidista y libertad individual. Cuando los legisladores pasan de un partido a otro, o van a parar al bloque de independientes, parecen traidores a su partido o tránsfugas que se mueven por intereses personales. Sin embargo, cuando los partidos son muy autoritarios y los legisladores muy sumisos, parecen marionetas manejadas desde fuera.

La disciplina partidista es importante si se quiere dar alguna solidez a la Asamblea y para que tenga sentido la democracia representativa. Si los ciudadanos votaron por listas, eligieron lo que propone el partido, los representantes debieran ser fieles a ese mandato. Si no están de acuerdo con el partido y deciden retirarse debieran también abandonar la Asamblea, como ocurre en las democracias maduras.

Esta disciplina sería exigible si los partidos funcionaran con democracia interna, si no fueran comandados por caudillos o gerentes propietarios, si los partidos designaran como candidatos a los militantes más capaces y mejor valorados por los electores. Cuando los partidos prefieren a famosos sin afiliación, por encima de sus propios militantes, no tienen derecho a exigir disciplina y provocarán que la política sea cada vez más líquida, como el mundo de Bauman.

Tomado de diario El Comercio ec.

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