Aprender a cogobernar

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John Dunn Insua (columnista )

Los hechos ocurridos recientemente en Ecuador deben llevarnos a una profunda reflexión sobre el desempeño de nuestra interacción como partes distintas de un mismo país. El trauma de lo vivido aún sigue vigente; mucho más aún cuando vemos que los acontecimientos ocurridos en Quito se repiten de manera precisa en Chile y Panamá. El tema de quiénes puedan estar detrás de la tramoya de dichos eventos sí merece ser profundizado, sin embargo, voy a dejar eso –por ahora– en manos más capacitadas. Prefiero en este instante reflexionar sobre las formas y estructuras que usamos para interactuar ordenadamente, es decir, sobre las formas y los medios con los que nos gobernamos.

Empecemos por decir que la Constitución del 2008 ya ha cumplido su vida útil, si es que alguna vez la tuvo. Probablemente sea la causante de la situación en la que estamos. Dicho documento nos condenó a una estructura hiperpresidencialista, que aparentemente resulta muy conveniente cuando se está en el poder, pero no deja muchas opciones de cambio reales cuando se está en la oposición. La vía de gobierno vigente es vista por alguna minoría como una imposición, y ciertamente, el Ejecutivo no tiene mayor contraparte en los demás poderes del Estado.

Se debe pensar en una estructura de gobierno en la que las mayorías deban involucrar a las minorías, y que estas sientan el peso real y las consecuencias de las decisiones que deben ser tomadas por el bien de todos, más allá de cualquier ideología partidista.

Me pregunto cuánto de lo ocurrido semanas atrás pudo haberse evitado si facciones como los indígenas formaran parte del equipo de Gobierno que debió tomar las decisiones para cortar nuestro déficit presupuestario. Mucho discurso, sin mayor responsabilidad gubernamental, suele ser el caldo de un cultivo de la demagogia, casi tan dañino como las desigualdades sociales.

Muchos se han pronunciado a favor de establecer un modelo federal en nuestro país. Desde mi perspectiva personal, muchas de dichas posturas han sido planteadas desde una perspectiva unilateral. Sin embargo, si se ve el cuadro completo, una estructura de gobierno federal –similar al modelo helvético– puede funcionar bien en nuestro país. Imaginemos un parlamento donde no se nos permita elegir personajes faranduleros y donde las comunidades indígenas y los distritos metropolitanos puedan tener una representatividad equivalente. Esto puede funcionar si establecemos reglas claras para definir la representatividad de ambas partes.

Otra herramienta para incentivar el desarrollo de gobiernos participativos es la usada por el gobierno federal estadounidense, donde los miembros más relevantes del gabinete presidencial deben contar con la aprobación del Senado. Esto también es un punto a favor de la bicameralidad. Una ley debatida dos veces por el mismo grupo de parlamentarios es una suerte de retórica que no beneficia, solo nos perjudica.

Estas son algunas ideas que merecen ser discutidas a profundidad, a fin de evitar conflictos que nos hacen perder vidas humanas y recursos. Quizás esta tendencia de reinventarnos cada 10 años no sea tan mala, después de todo. Quizá solo debamos implementar medios para institucionalizarla. También es muy probable, que este tipo de planteamientos los estemos haciendo demasiado tarde. (O)

Tomado de diario El Universo

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