Ahorros cosméticos

 Ahorros cosméticos
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Mauricio Gándara Gallegos (columnista)

Al conocer que el presidente Moreno ha decidido que él mismo, el vicepresidente, los ministros y viceministros reciban solamente la mitad de sus sueldos, al tiempo que deja entera la inmensa maraña burocrática, y no tocando a sus amigos y parientes en los puestos diplomáticos, he recordado que cuando la revolución francesa llegaba, en gran medida por el despilfarro de la Corte, la reina María Antonieta empezó dando muestra de su voluntad de ahorro, despidiendo a la modista que le confeccionaba sus vestidos y sombreros; su buena voluntad cosmética no impidió que la revolución arrasase con la monarquía, y la vida de ella y del rey. Aparentemente correspondiendo al clamor ciudadano de reducir el tamaño del Estado, el presidente ha dispuesto la eliminación de varias de las secretarías que se crearon para dar cargos al correísmo, pero, acto seguido, dispone que el personal de ellas pase a otros ministerios. ¿Dónde está el anhelado ahorro? Debe suprimirse la Secretaría Anticorrupción, según se lo requiere, con debido fundamento legal, la fiscal general, porque ese adefesio de Secretaría no hace otra cosa que entrometerse en las funciones de la Fiscalía, viola la reserva de la investigación, propende a la fuga de los investigados, y puede ocasionar la nulidad de los procesos. Si esa Secretaría hubiese al menos servido para un control al interior del Gobierno, si hubiese impedido los robos que se cometen casi a diario en la administración a vista y paciencia –no sabemos, todavía, con exactitud, si con la complicidad– de los altos funcionarios. Hay un fétido olor de corrupción en las compras públicas. Los hospitales, el IESS encabeza estos siniestros ilícitos; y cuando se producen cambios de directivos, nada mejora, y la gente comprueba la verdad del dicho popular, de Guatemala en Guatepeor. La ciudadanía está, a más de asqueada, confundida, porque cada cambio de funcionarios no es sino una rotación del correísmo leninista o del leninismo correísta, y con gente cuestionada por la opinión pública; se palpa un cogobierno. ¿Hasta cuándo se abusará de nuestra paciencia? Se ha perdido la fe en quien ostenta la representación del Estado. La ciudadanía cuestiona las contribuciones requeridas en el proyecto de la Ley Humanitaria porque se pregunta si no se las robarán mediante los acostumbrados sobreprecios. Y esta duda local, seguramente está presente en los organismos internacionales de crédito, como el Fondo Monetario; este, al otorgarnos el crédito reciente de algo más de seiscientos millones de dólares, no dejó de observarnos que nuestras cuentas eran defectuosas. Decía el Quijote: “Córtate las uñas, Sancho, porque un gobernante no debe tener las uñas largas”. Cambiando de ángulo, he dicho, anteriormente, que el Gobierno, su Ministerio de Relaciones Exteriores, la embajadora, debería procurar, ante la pandemia, el apoyo directo de los Estados Unidos, o indirecto ante los organismos internacionales para un crédito especial para el Ecuador, que se ha declarado su aliado, y está en peligro de un colapso que puede reducirle a la condición de Venezuela; hay razones geopolíticas. Esta debería ser una política de Estado. (O)

Tomado de diario El Universo

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