Francisco Rosales Ramos (columnista)

Golpea de modo inmisericorde a todo el mundo. Hay unos pocos países que han logrado dominarla y estar al margen de ella, pero es una ola mal oliente que cubre a gran parte de la humanidad. En Ecuador golpea con singular dureza. No es el covid-19, que mantiene encerrada a gran parte de la humanidad. Es la imparable corrupción que tiene al enriquecimiento como único objetivo de vida.

Cuando la obnubilación por el dinero no se detiene ante las fundas de cadáveres, las medicinas con sobre precios y los insumos hospitalarios adulterados, la degradación moral ha llegado a extremos que destruyen la sociedad. En Ecuador, los casos de corrupción no son nuevos. Se han dado en varios gobiernos, pero nunca antes se armó una pandilla desde las altas esferas del poder. Correa y su mafia montaron un aparato para robar, y esa estructura se ha mantenido en los 3 años de Moreno. “La gran cirugía para eliminar la corrupción” ha quedado en palabras huecas sin ningún resultado. El ADN no ha cambiado desde 2007.

Para lograr el apoyo de algunos legisladores el Gobierno habría recurrido a la entrega del usufructo de hospitales a varios asambleístas, y ya se sabrá qué otros pagos han sido necesarios. En esas condiciones de descalabro moral, el país deberá enfrentar la crisis económica y social más profunda de su historia, con un Gobierno timorato y manchado por la corrupción. Y una sociedad que ha aceptado la inmoralidad como método de vida.

La situación de las finanzas públicas, que ya era dramática antes de virus, está a punto de colapsar. Según un estudio de Cordes, los ingresos de USD 22.500 millones previstos en el Presupuesto General de Estado para en este año, se reducirán a 16.800 millones, debido a la contracción de la economía en 8,7% (proyección optimista frente al cierre económico que ya va para dos meses) y la no monetización de activos por 2.000 millones. Esto obliga a un radical ajuste de las cuentas del sector público, que incluye la rebaja de salarios para todos. Para ello es indispensable un cambio radical en el gobierno, que empieza por comunicar la verdad descarnada a los ciudadanos, despojarse de los correístas en cargos importantes y cortar por lo sano todo intento de corrupción. Sin ello la ciudadanía no aceptará los sacrificios indispensables para superar la recesión y el desempleo.

La sociedad deberá actuar con celeridad y dureza frente a: Bolsas llenas de billetes, sobreprecios en ayudas alimentarias, corrupción permanente en la comercialización del petróleo, centrales hidroeléctricas sobre dimensionadas y con graves defectos de construcción, miles de millones de dólares tirados en la reparación de refinerías que no funcionan, y dirigentes políticos que solo miran a sus intereses electorales de 2021, o a su locura crematística.

Tomado de diario El Comercio ec.

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