Ricardo Tello Carrión (columnista)

El presidente Lenín Moreno Garcés representa, hasta hoy, al peor gobierno que hayamos tenido los ecuatorianos.

Improvisado Ejecutivo de corte neoliberal, acaba de dar una estocada profunda a un pueblo escondido y asustado por una pandemia; única herramienta y alternativa posible para quien ha exhibido la traición como principio. Político taimado.

En su cobardía, pretendió decirles a los ecuatorianos que ha decidido bajar el costo de los combustibles, seguramente convencido de la efectividad de crear confusión con verdades a medias: no dijo que elimina los subsidios a los combustibles, y que la nueva política para fijar los precios de las gasolinas extra, ecopaís, diésel 2 y diésel premium queda al vaivén del mercado y provocaría un incremento en un futuro no muy lejano, pues incluso la importación de combustibles queda en manos privadas.

Tampoco dijo que encontró la fórmula para violar, impunemente, las garantías constitucionales de los trabajadores ecuatorianos: reducción de más del 8 % y del 16 % del sueldo a profesores y empleados públicos, escudada en la reducción de las jornadas laborales. Claro, excepto a policías y militares, pues le teme al uniforme; excepto al sector salud, pues cree tener aún un poco de dignidad.

Se desentendió del empleo y aunque no entiende el porqué, decidió acoger las demandas del Fondo Monetario Internacional: 25 000 despidos en el sector público solo en el año 2019, y las cifras reales de lo que va de pandemia no podrán ser conocidas de inmediato, aunque solo en mayo se prescindirá de 3500 funcionarios públicos. De los empleados privados también deberán sincerarse las cifras a futuro, conjuntamente con el impacto de la precarización laboral como consecuencia del reparto de hospitales públicos… digo, de la aprobación de la “Ley Humanitaria de Moreno” en la Asamblea.

El sector turístico también resultará afectado no solo por los vuelos directos a Galápagos, autorizados por los asambleístas, sino porque además ponen a la venta una de las empresas emblemáticas: Ferrocarriles del Ecuador. ¿Confuso? Depende desde el punto de enunciación del que se lo mire.

Evidentemente, intereses mezquinos están detrás de la decisión de sobrexplotar las islas y comercializar con el tren: nada para el país, todo para el capital. ¡Todo! Incluidos la Corporación Nacional de Telecomunicaciones, hidroeléctricas, medios públicos, correos.

Pero las incuestionables medidas del Gobierno –incuestionables solo por sus aliados mediáticos y empresariales– tienen pequeños capítulos de precarización en específico. La educación pública, por ejemplo, no solo que se desayunó este martes la reducción de sus salarios –porque no es cierto que en tiempos de teleducación COVID-19 se trabaja menos–, sino que la noche anterior se cenó la publicación en el Registro Oficial de la Resolución n.º 238-2020 adoptada por el Consejo de Educación Superior y que institucionaliza un nuevo modelo de educación empresarial en el país: aulas virtuales hasta con 100 estudiantes, lógicas cortoplacistas, consideraciones de mercado…

En fin, cifras de las imposiciones neoliberales disfrazadas de pandemia.

¿Quién da más? (O)

Tomado de diario El Universo

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