Mauricio Gándara Gallegos (columnista)

Cuando aparezcan estas líneas, ojalá el vicepresidente de la República haya desistido de visitar la China, en momentos en que la gente busca, desesperadamente, salir, para no contagiarse del coronavirus, que cada día cobra más vidas y cuya expansión está fuera de control, a tal punto que en Hong Kong –territorio chino insular– colocan en cuarentena a quienes vienen de la China continental. Varios países prohíben el ingreso de personas que hayan estado en China, recientemente; el virus ha sido detectado en al menos 25 estados. Por loable que sea el promover nuestras exportaciones, no se debe correr el riesgo de importar el virus, y convertir esta buena intención en una operación de trueque mortal. Ya son muchas las voces que le piden al vicepresidente desistir de su viaje, y, en realidad, solo hace falta postergarlo, para cuando se haya controlado esta epidemia, y encontrado una vacuna, en lo que trabajan importantes laboratorios del mundo. Se aprecia que el vicepresidente sea un hombre constante en sus propósitos, porque la constancia es una virtud, pero en este caso sería una tozudez, un defecto; una tozudez que pone en riesgo la salud de nuestra población –porque algún momento tendría que volver–, y crea alarma social. Aunque las autoridades chinas aprecien esta visita, en momentos en que todos procuran salir, no estarán sus mercados interesados en evaluar nuevos productos, sino en que no se desplomen sus exportaciones. Se está trabajando por computadora, desde casa. Nuestro país recibió con beneplácito la designación del actual vicepresidente, por su formación académica, y por su valor moral, infinitamente superior al de sus dos predecesores. No debería jugar su prestigio en un viaje de riesgo innecesario.

Lo del coronavirus es tratado mundialmente con mucha responsabilidad. A un Congreso de comunicaciones, en Barcelona, España, muy lejos de la China, grandes compañías, como Sony, Amazon, han anunciado que no concurrirán por temor al contagio. Es obligación del presidente de la República el adoptar una política oficial prohibiendo a todo funcionario público el visitar la China, hasta segunda orden. Con el ahorro del viaje del vicepresidente y su comitiva, se puede financiar el regreso de los nueve estudiantes.

El presidente Moreno visita al presidente de los Estados Unidos en estos mismos momentos, lo que constituye una saludable rectificación de su política internacional; el presidente Moreno, inicialmente, quiso enviar de embajador ante esa potencia a un enemigo de ella: el exdirector de asesoría jurídica del gobierno de su predecesor; como era de esperarse, esa propuesta fue rechazada. Hoy, ha designado a una persona que tiene buenas relaciones con el gobierno de ese país; eso se ha traducido en la invitación al presidente ecuatoriano, de la que se espera mejorará la cooperación en asuntos tan esenciales como el comercio, preferencias arancelarias, seguridad, lucha contra el narcotráfico. En esta misma columna, durante años, criticamos las visitas del predecesor a personajes tan extraños a nosotros, como Gadafi, los ayatolas, etcétera. Condenamos el asilo a Julian Assange, la concesión de la ciudadanía ecuatoriana, la protección a Snowden. Antes que ideologías, los Estados tienen intereses. (O)

Tomado de diario El Universo

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